treintaycincomilimetros

14 de noviembre de 2013

El quinto poder

por Sigfrido Gross


El fenómeno WikiLeaks fue portada, cabeza de sumario y objeto de análisis de todos los medios de comunicación existentes por un periodo de casi un año. La página creada por Julian Assange supuso muchas cosas. Para empezar, fue el mayor destape de informes clasificados de la historia de Estados Unidos. Pero, por otro lado, también provocó un debate en el cual se discutía si las puertas que abre Internet y las posibilidades que da al usuario son demasiadas; si el pueblo, realmente, tiene derecho a saberlo todo o no.

Se prodigan mucho últimamente las películas basadas en artículos periodísticos o, en su defecto, libros no dramatizados sobre sucesos actuales.

Ahí están ahora mismo El Mayordomo (Lee Daniels, 2013) o The Bling Ring (Sofía Coppola, 2013), ambos basados en sendos artículos publicados en conocidos diarios o revistas americanas. Y, de algún modo, ese tipo de material tiene mucho sentido como base para una obra cinematográfica.

Al contrario que una novela, un artículo aporta los hechos sobre una historia, sencillamente. El problema es que esos hechos, siempre con base real, tienen todos los problemas de cualquier realidad. Y es que la realidad no ocurre ni en tres actos ni con sentido narrativo de ficción. Pero esto es algo que no tiene por que ser negativo, ahí es donde la pericia de los guionistas debe aparecer y dar sentido a la historia, cambiándola, si es necesario.

En cine, es mucho más importante que la historia funcione a que los protagonistas de la realidad en la que esté basada queden contentos.


El Quinto Poder está basado en dos libros: Inside WikiLeaks: My Time with Julian Assange at the World's Most Dangerous Website, de Daniel Domscheit-Berg. Uno de los implicados en la historia de manera directa y que en la película interpreta Daniel Brül. Y WikiLeaks: Inside Julian Assange's War on Secrecy de David Leigh y Luke Harding. Ambos libros de investigación periodística dramatizados en forma de guión por John Singer, hasta ahora escritor y productor en series como Miénteme o Fringe. Y puestos en escena por Bill Condon, director de las dos últimas películas de la saga Crepúsculo o la fantástica y genial Dioses y Monstruos. Y aunque los dos libros se vendan como investigaciones periodísticas, Julian Assange, el hacker de pelo platino protagonista del fenómeno, afirma que en ninguno de los dos casos esa investigación está exenta de mentiras por todos lados. Y no deja de ser paradójico que él desmienta hechos en una historia que versa, precisamente, sobres las leyes de protección de datos y las publicaciones sobre realidades (o no) sobre gente con nombres y apellidos.

El Quinto Poder es una cinta excesivamente larga, que nunca llega a exponer todos los datos que quiere de manera clara y, por tanto, a ratos, hace aguas. De todas formas, las partes que sí funcionan lo hacen muy bien.

Sobre todo, durante el tercer acto, la película coge vuelo y está magníficamente conseguida. La urgencia de las escenas está muy bien medida y los actores, todos ellos, muy finos.


El film trata de ser un reverso en la edad moderna de Todos los hombres del Presidente, en la que los periodistas de un gran diario, son sustituidos por dos hackers en la sombra, dos antihéroes frikis; y en la que el Garganta Profunda es sustituido por cientos y miles de personajes anónimos que gracias a Internet informan y envían pruebas documentales- a los dos frikazos sobre los secretos del gobierno. Retrata muy bien ese mundo repleto de frikis de la tecnología que son conocedores de que desde su casa, con un buen flujo de velocidad de red - algo a lo que cualquiera podemos acceder - y sus conocimientos informáticos - algo que no todos - se puede controlar el mundo. Se puede entrar a los datos del Pentágono por una “puerta de atrás” y robar el último informe dental del presidente. Y ese mundo es completamente virtual, porque puede desarrollarse desde cualquier sitio. De hecho, el fundador de la web no para de viajar de un sitio a otro, teniendo como base uno de esos edificios okupas de Berlín, y que cualquiera que haya estado en uno de ellos sabe que es exactamente como se muestra en el film. Llenos de personajes disfrazados de punkis post- caída del Muro.

El guión busca el conflicto. Primero, en lo más obvio, el problema legal que supone para la web publicar datos clasificados que provocarán una reacción negativa e incluso vengativa del gobierno. Pero, por otro lado, se sostiene en el conflicto emocional que el protagonista -Benedict Cumberbatch, demostrando el actorazo que es- tiene con su primero de a bordo, Daniel Domscheit magnífico Caniel Brül-, en un juego que pretende emular a aquel que funcionó tan bien en otra película muy superior, La Red Social (David Fincher, 2010)

Lo más interesante de la primera mitad de la película está en los hechos que uno descubre sobre el caso, y eso no es mérito de la película. Esos datos igual los podemos encontrar en un documental o en los mismos libros. Esos datos están pobremente ficcionados y cargados de información innecesaria. Los personajes son aún muy unidimensionales y su comportamiento es una acumulación de tópicos. Problemas, todos ellos de guión, que se solucionan, en parte, durante el último tercio de la película: en el momento en que la bola de nieve que han creado se hace tan grande que se les viene encima como un alud. Ahí es cuando la tensión se palpa y el relato toma una forma mucho más cinematográfica.

Es una película que se hace larga, pero es entretenida. La realización, a ratos excelente a ratos irritante, confirma que Bill Condon quiere ser considerado un artesano capaz de lidiar con todo tipo de material; que lo consiga o no es ya cuestión de opiniones.

No es una película para ver en el cine, no es necesario. Pero si una de esas cintas que te cuentan algo interesante y que, al final, están bien resueltas a pesar de todos sus fallos.







  • El quinto poder

  • Título original:
    The Fifth Estate

  • Dirección:
    The Fifth Estate

  • Año de producción:
    2013

  • Nacionalidad:
    USA

  • Duración:
    124

  • Fecha de estreno en España:
    2013-10-18

Sigfrido Gross

Sigfrido Gross nace en Málaga el 25 de junio de 1984. Su padre lo lleva, desde muy pequeño, a ver todo tipo de películas: desde cine de animación, a Las Tortugas Ninja o desde Batman a reposiciones del cine de Sam Peckimpah.

A parte del consabido trauma perpetuo e irreversible debido a ver cintas como Conocimiento carnal, Akira o Grupo salvaje, Sigfrido también adquiere una profunda e incontrolable pasión por el cine. De todas las épocas y géneros.

Tras estudiar el Bachillerato artístico y algo de fotografía, comienza estudios de Realización de Audiovisuales. Igualmente recibe un curso de guión en la ECAM, el cual le impulsa a profundizar un poco más en la escritura y estudia 3 años de narrativa cinematográfica en la Escuela Audiovisual del Mediterráneo.

Realiza su primer cortometraje, Residuos, que gana un premio a dirección novel en NexoSur y es rechazado en varios festivales por ser considerado 'muy violento'.

Escribe para varios medios de la web artículos sobre cine en todas sus facetas, cosa que alterna con la escritura y corrección de guiones. Para terminar la minibio, digamos lo que siempre se dice: "está trabajando en el que será su próximo cortometraje".

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