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7 de junio de 2013

La gardenia azul

por Valentín Carrera


Norah Larkin prepara con mimo la cena. Es un momento especial que va a compartir con su novio. No hay lujos pero sí detalles. Una comida especial. Un ambiente íntimo. Un vestido, un peinado, unas velas. Todo pensado para disfrutar de ese encuentro esperado que sólo se da de vez en cuando. Una romántica escena que pivota sobre una carta. ¡Cuánto daño han hecho las cartas a las relaciones sentimentales!

A pesar de los gestos, un poco excesivos del rostro de Anne Baxter, la escena es realmente demoledora (no daré más datos en atención a los que no han visto la película). Es el momento clave en el que te sientes identificada con la protagonista. Hasta entonces has empatizado poco con esa telefonista pizpireta y sumergida en un mundo femenino que te resulta lejano. Un universo que se encapsula más cuando llegas con Norah a ese piso que comparte con dos compañeras. Pero esa cena, aunque irreal, te hace identificarte con ella.

Ahí acaba esa especie de comedia ligera de teléfonos blancos que se apuntaba en los primeros minutos. Los claroscuros se agudizan de forma casi imperceptible y nos sumergimos en un ambiente nocturno bastante más áspero. Una aspereza que la mano maestra de Fritz Lang nos desenvuelve con una eficacia casi imperceptible. Pasamos de una cena romántica a otra mucho más carnal. Incluso la voz de Nat King Cole se vuelve carnal con aromas a nicotina concentrada. El rostro amable de Raymond Burr deja destellos libidinosos casi imperceptibles. Y empezamos a darnos cuenta de que la bella sonrisa de la Baxter se asoma a un escote inusualmente generoso.

Todo fluye con la normalidad de los relatos de Lang. Todo es natural hasta que algo se rompe. Es curioso cómo utiliza los objetos el maestro austriaco para sugerir, para ocultar, para ponernos en guardia. No tenemos más que pensar en la pelota rebotando por las escaleras en M, el vampiro de Dusseldorf, o en la puerta amenazante de Secreto tras la puerta, o la fuerza de la evocación del memento en Furia. En este caso es un espejo (que juego han dado los espejos en el cine) apoyado por esa música que es el nervio de toda la película.


Un espejo que, como si fuese el del Callejón del Gato, empieza a deformar casi todo lo que vemos a continuación. Los personajes, los sentimientos, las luces... Sobre todo las luces que se vuelven más duras, más acuciantes, como filos de un inexistente cuchillo que nos va haciendo cortes a nosotros y a Norah. Entra en juego un nuevo escenario (hasta entonces nos hemos movido entre la oficina de Norah, el apartamento de las tres chicas, el Gardenia Azul y el piso de Burr), el primer espacio abierto que, sin embargo, nos transmite una inmensa sensación de claustrofobia.

Incluso el rostro, un punto forzado de Richard Conte, nos desasosiega más que nos tranquiliza. En realidad, ésta es una cinta en la que los rostros tienen una fuerza y una importancia capitales. Ya sea en planos cortos o medios. De uno en uno, en parejas o en grupo, son los rostros los que marcan la pauta, tanto y más que los diálogos. Y cuando más importancia tienen es cuando aparecen cruzados por esas luces un tanto expresionistas con diagonales imposibles cruzando la pantalla. ¡Qué bien trabajó siempre la luz Fritz Lang! ¡Cómo se notaba dónde había echado los dientes!

Dicen que La gardenia azul es una obra menor, no sólo en la filmografía de Fritz Lang sino entre sus películas de cine negro. No tengo intención de entrar en ese debate. Yo siempre la he tenido entre mis favoritas. Me gusta mucho más que las que hizo con el dúo Glenn Ford-Gloria Grahame y mucho más que la ya citada Secreto tras la puerta. Y la pongo a la par de Furia, Mientras Nueva York duerme o Más allá de la duda. Está al nivel de las que montó con Edward G. Robinson y Joan Bennett una década atrás. Está entre las mejores. Como siempre, y a pesar de ser un encargo de la Warner que no le entusiasmó, Lang supo sacarle partido a la historia de Vera Caspary, adaptada por Charles Hoffman.

Vera Caspary había hecho fortuna con relatos de misterio en los que las mujeres eran bastante más que las acompañantes de los protagonistas. Quizás, el ejemplo más acabado de su estilo lo tenemos en la Laura que diez años antes firmó Otto Preminger con unos insuperables Dana Andrews y Gene Tierney. En ambos casos asoma otra de las características del estilo de Caspary. Los periodistas juegan a policías y mantienen una permanente tensión con ellos. En el caso de La gardenia azul, el peso lo lleva el periodista Casey Mayo, al que da vida Conte.


Pero más interesante que el estilo y el tino de Vera Caspary para construir relatos de misterio, lo que me interesa es la forma de dibujar la sociedad del momento que Lang despliega con maestría. Es algo habitual en los mejores relatos de misterio y cine negro pero gente como Fritz Lang lo trasladan a imágenes con un pulso especialmente relevante. En este caso nos plantea temas como las ausencias masculinas por mor de las guerras en las que estaba implicado EEUU en esos años. Las relaciones epistolares y en la distancia. La incorporación inevitable de las mujeres al mundo laboral y las tensiones afectivo-sexuales que se destapaban.

El sexo está latente en toda la película. Más o menos explícito. Más o menos sublimado por otras relaciones. Interesante resulta comprobar el dibujo que realiza Lang de las tres amigas que comparten el piso. Norah, Crystal y Sally. Cada una prototipo a su manera. Y en conjunto, una descripción muy atinada de lo que era la convivencia de las jóvenes que se quedaban en EEUU mientras sus homónimos masculinos compartían cuarteles por el mundo.

Muchos elementos y todos interesantes que hacen de La gardenia azul una cinta recomendable a pesar de ser poco conocida. Pero si necesitamos un empujón definitivo, lo tenemos en su banda sonora. Buena parte protagonizada por el ya citado Nat King Cole que, además, realiza un pequeño cameo. Dice la letra del tema que da título a la película que “el amor floreció como una flor para vivir sólo durante una hora (?) pero siempre me quedará mi libro de recuerdos”. La gardenia azul nos envuelve durante algo más, 90 minutos, hora y media, que nos atrapan para entrar a formar parte, para siempre, de nuestro particular libro de recuerdos.
  • La gardenia azul

  • Título original:
    The Blue Gardenia

  • Dirección:
    The Blue Gardenia

  • Año de producción:
    1953

  • Nacionalidad:
    USA

  • Duración:
    88

  • Género:
    Cine negro

Valentín Carrera

Desde la República Independiente de El Bierzo me fui a Galicia y he terminado en Madrid. Estudié Periodismo, luego hice Políticas y acabo de terminar un posgrado en Community Manager y Social Media.

Desde hace casi 20 años trabajo en Telemadrid donde empecé de becario y ahora sigo como redactor (entre medias he sido redactor, editor de informativos, redactor jefe y subdirector de informativos y responsable de contenidos para Canal Metro). Me apasiona la tele, el periodismo y la política. Procuro estar al día en nuevas tecnologías, redes sociales y demás.

Hace un par de años que soy vocal de la Junta Directiva de la Academia de Televisión donde he tenido la suerte de participar en la Comisión Organizadora de El Debate de 2011 entre Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba y de dirigir las 2 últimas ceremonias de entrega de los Premios Iris.

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