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4 de mayo de 2015

Asesinos inocentes

por Andrés Robles

Imaginen un thriller en el que un ciudadano anónimo recibe el encargo de matar a alguien. Algo parecido a Extraños en un tren con el punto original de que es la futura victima la que realiza la petición. Promete, ¿verdad?. Bien, pues ahora imaginen cómo cargarse la película, y si son muy retorcidos, que sé que alguno hay, quizá lleguen al nivel de lo conseguido por Gonzalo Bendala en su primer trabajo como director, Asesinos inocentes (España, 2015).

El hasta ahora productor ha presentado en el Festival de Málaga otro de esos what the fuck que uno puede ver en la sección oficial, convertida a veces en templo de los mercaderes para productos de estreno próximo, si bien, siendo honestos, no se llegue en esta ocasión al irrisorio nivel de otras propuestas - y sí, estoy pensando de nuevo en mi "amada" Por un puñado de besos -.

Realmente no faltan ideas en la cinta de Bendala, y la mezcla de intriga y comedia negra - cabe preguntarse si voluntaria o no en algunos momentos - resulta interesante. Pero la acumulación de sin sentidos que van articulando la trama y, sobre todo, un desacierto en la elección del reparto que merecería la cadena perpetua para la directora de casting, tiran por tierra cualquier mérito que pudiera encerrar el proyecto original. Con la honrosa excepción de Miguel Ángel Solá, cuyo estupendo trabajo hace bueno aquello de que la experiencia es un grado, nada en este apartado es verosímil. Y si no díganme quién en sano juicio puede tragar con que la pléyade de rostros televisivos que lo conforman - y que han sido escogidos únicamente por su tirón entre el público más joven - sean aún estudiantes cuando la mayoría de ellos tienen edad para ser, como poco, bedeles de la facultad.


Es una pena emborronar así una cinta que, ya digo, deja entrever ideas interesantes y que además cuenta con una factura notable en la que destacan su buena fotografía y su contundente banda sonora. Es por ello que servidor no puede dejar de preguntarse hasta qué punto el resultado final no se debe más a imposiciones de los que manejan el dinero que a otra cosa. Pongo por caso los últimos compases del film, donde supera la barrera del ridículo con un cierre que podría patentar el concepto de final ultrafeliz. Todo - y cuando digo todo es absolutamente TODO - debe acabar bien aun a costa de arramplar con la poca credibilidad que quedara a esas alturas. Al parecer, lo que vemos no estaba en el guión, y de ahí, entre otras cosas, mi sospecha de la existencia de una mano negra en labores de producción, ávida de hacer caja contentando a todos los targets al precio que sea.

¿Es entretenida Asesinos inocentes? Por supuesto. Resulta imposible que uno llegue a aburrirse cuando en la pantalla no dejan de pasar cosas, a cada cual por cierto más descabellada. El problema llega cuando bajo tal pifostio - no se me ocurre otro término que describa mejor los giros desquiciados que componen su metraje - uno intuye la intención de ser tomado en serio sin tener a la vez muy claro quién es el interlocutor. Porque, vamos a ver, ¿a qué público se dirige Bendala? A las y los adolescentes que claman por las caritas de Maxi Iglesias y Luis Fernández y a los que se pretende enganchar a golpe de sorpresa, o a ese otro espectador más adulto al que apela su discurso moral. No sé qué pensarán ustedes si deciden ir a verla, pero a mí, que lo hice ya hace unos días, aún no me queda claro.
  • Asesinos inocentes

  • Título original:
    Asesinos inocentes

  • Dirección:
    Asesinos inocentes

  • Año de producción:
    2015

  • Nacionalidad:
    España

  • Duración:
    95

  • Género:
    Thriller

  • Fecha de estreno en España:
    2015-07-03

Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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