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6 de febrero de 2015

Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia)

por Andrés Robles

He de reconocer que, sin ser especialmente admirador de González Iñárritu - Amores perros y 21 gramos me gustaron sin matarme, Babel no me convenció y con Biutiful no hice ni el intento-, su nueva obra me tenía ganado de antemano. Desde que oyera hablar de ella cuando se presentó allá por septiembre en el Festival de Venecia, la esperaba con ganas y no precisamente por la buena acogida crítica, sino más bien por la jugada maestra, mérito compartido por el propio realizador y su directora de casting, Francine Maisler, de escoger y convencer a Michael Keaton para encarnar a un actor venido a menos que en otro tiempo lo fue todo interpretando a un superhéroe. Convendrán conmigo que el asunto es un reclamo publicitario de primer orden con el que ambos han demostrado ser muy listos... Y bastante cabrones, para qué negarlo.

Sin embargo, tal cosa podría haberse convertido en un arma de doble filo si el chascarrillo inicial se hubiera quedado sólo en eso y la cinta hubiera optado por la parodia fácil o la caricatura barata. Lejos de ello lo que propone Birdman (Estados Unidos, 2014) es un relato amargo y a la vez divertido sobre las miserias del éxito. Sobre los sacrificios que éste conlleva, las víctimas colaterales, encarnadas en el personaje de la estupenda Emma Stone, que va dejando en el camino y el vacío que se siente tras su marcha.


En este punto puedo imaginar las alarmas saltando en las mentes de quién aún no haya visto el film, pero no teman porque el Iñárritu intenso de otras ocasiones, tan dado al dramatismo desatado, opta ahora por un tono diametralmente opuesto y nos regala una sátira con muy mala baba en torno a las entrañas del cine y el teatro que no deja títere con cabeza. Aquí pringamos todos: actores - seres inseguros y pusilánimes que se debaten entre la popularidad y el prestigio - y crítica - dioses con la facultad de hundir al prójimo por puro capricho -, productores - egoístas que miden las vida sólo en función de ganancias y pérdidas- y público -masa sin opinión que sólo se interesa por algo cuando es mediático -. Por si fuera poco, la película además está cuajada de metarreferencias que harán las delicias del espectador. La más evidente, claro, el comeback de Keaton, pero también el de mexicano tras el fiasco de la citada Biutiful o la autoparodia de Edward Norton, espectacular en la composición de una estrella intratable y problemática, que no dista mucho de su imagen real y con la que no pocas veces eclipsa al viejo superhéroe.

Todo ello está contado con un ritmo endiablado, reforzado por ese plano-secuencia furioso que a veces arremete literalmente contra los actores pegándose a su nuca - grande Lubezki y su maestría en la foto -, y esa banda sonora de Antonio Sánchez, cuya batería va directa a lo más profundo del cerebro. Redondea el conjunto una dirección artística fabulosa que convierte al laberíntico teatro en el que se desarrolla la acción en un personaje más. Tal es la opresión que el decorado imprime a la historia que cuando ésta sale a la calle - antológico momento en Times Square -, uno casi siente el aire fresco en los pulmones y agradece la momentánea liberación.


Fondo y forma dan como resultado una obra maestra adulta, atrevida e inmersiva; una narración audaz que nos deja pegados a la butaca y que sólo en su tramo final se va un poco de madre, alargando una conclusión que podría haber estado más pulida. A pesar de ello, algo me dice que, llegado el 31 de diciembre, esta habrá sido con diferencia mi película favorita del año.
  • Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia)

  • Título original:
    Birdman or (The unexpected virtue o f ignorance)

  • Dirección:
    Birdman or (The unexpected virtue o f ignorance)

  • Año de producción:
    2014

  • Nacionalidad:
    USA

  • Duración:
    119

  • Género:
    Comedia dramática

  • Fecha de estreno en España:
    2014-01-09

Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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