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3 de octubre de 2014

Black Coal

por Andrés Robles

Vaya por delante que servidor no es un público agradecido para lo oriental. Soy consciente de que tal afirmación contiene incluso mayor grado de sin sentido que la que profieren los que dicen aborrecer las películas españolas así, en general. La nacionalidad de una cinta nunca debe ser un parámetro de valoración, pero con el cine chino, japonés o de latitudes cercanas me suele ocurrir que ni entendiendo la mayoría de comportamientos y costumbres que veo en pantalla, ni llevo bien su particular sentido del humor, ni suelo conectar con su cadencia.


Así pues he de reconocer que acudí al pase de Black coal, thin ice (Diao Yinan. China, 2014) atendiendo exclusivamente a tres razones. La primera, un tráiler potentísimo que, ya se lo digo, es lo mejor de toda la cinta; la segunda, el hecho de que hubiera ganado el Oso de Oro y el premio al mejor actor (Fan Liao) en Berlín 2014; y la tercera, la evidencia de que cuando uno está en un festival como el de San Sebastián acaba sucumbiendo a la vorágine de querer verlo todo. Sea como fuere, me podría haber ahorrado el rato. Y es que, no ya yo, sino uno de mis acompañantes, forofo de estas cinematografías, acabó por reconocer que - por decirlo suavemente - la película no merecía mucho la pena.


Concretando, estamos ante un thriller más o menos al uso que arranca con la aparición de diversas partes de un cadáver diseminadas por varias ciudades. Tras unas pesquisas fallidas y varios años de calma, los asesinatos vuelven a sucederse con la particularidad de que todas las víctimas están relacionadas de un modo u otro con una misma mujer. Un ex policía retoma así el caso que le llevó a abandonar el Cuerpo, enamorándose de paso de la citada fémina. En otras palabras: todos los lugares comunes de la intriga hollywoodiense pasados por el tamiz contemplativo típico del mundo asiático.


Sin embargo, de ella no me molesta - o no tanto - su tempo pausado, lo que realmente me molesta es que las historias, tanto la investigación policial como la relación ¿amorosa? entre los protagonistas, estén contadas a trompicones. Sinceramente no creo que lo abrupto de su narración o la frialdad con la que se cuenta todo sean un reflejo del carácter chino, sino que están causadas por un guión mal escrito en cuyo desarrollo es fácil perderse. De hecho, ni durante ni después, me queda claro cómo el detective protagonista va llegando a determinadas conclusiones, no llego a comprender determinadas circunstancias y, peor aún, me surgen demasiadas dudas sobre qué me ha querido contar en realidad la película - y no me refiero a ese final literalmente pirotécnico y al margen de la trama que le hace a uno preguntarse quién es el camello del director -.

A la luz de sus agujerazos, probablemente si Black coal, thin ice hubiera sido un thriller yanqui le habrían llovido palos de todos los frentes, pero claro, si lo hubiera sido lo mismo entonces habría resultado entretenida y al jurado del Festival de Berlín le habría parecido peor.
  • Black Coal

  • Título original:
    Bai ri yan huo

  • Dirección:
    Bai ri yan huo

  • Año de producción:
    2014

  • Nacionalidad:
    China

  • Duración:
    106

  • Género:
    Crimen, drama, suspense

  • Fecha de estreno en España:
    2014-10-03

Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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