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9 de mayo de 2014

Carmina y amén

por Sigfrido Gross

Paco León supo cómo mezclar, a la perfección, varios géneros en la que fue su ópera prima - Carmina o revienta -, ejercicio que ha pretendido repetir, dando algún que otro paso más, en la segunda parte de este díptico, Carmina y amén; una película con mucha mejor factura, más trabajada y más medida, pero para quien esto escribe bastante fallida. A pesar de todos sus aciertos, que los tiene, Carmina y amén no sobrepasa el listón de su antecesora y sólo llega a rozarlo a ratos.


Carmina o revienta era una cinta fresca, directa, tremendamente honesta y muy clara. Mezclaba, que no yuxtaponía, géneros como la comedia, el western, el documental o drama desde una perspectiva muy original. Algo que, en el cine español reciente, escasea por no decir que no existe.

Su éxito, debido tanto a su calidad como a su original forma de distribución, - una lección en lo que a marketing se refiere -, obligaban a continuar la historia. Pero por encima de todo, dentro del juego propuesto por León, lo que realmente hizo funcionar la máquina fue la presencia del personaje de Carmina Barrios. Personaje sobre el que debía pivotar, y pivota, cualesquiera de las historias que quisiese contar si quería que funcionasen, porque más allá de ella, podía caer en y caería - cae a ratos -, en una pesada y absurda constante de costumbrismo y comedia fácil.


Carmina o revienta peca al tratar de tocar demasiados temas, peca de querer experimentar con los límites de la ficción en el guión, y peca con ciertos juegos que pretenden ser más ingeniosos de lo que terminan siendo.

Las subtramas de la película entorpecen la trama principal, en ningún momento la empujan o enriquecen, solamente la hacen más graciosa. Sus temas, al tratar de ser de actualidad y agradar por su punto de vista, acaban siendo manidos, aburridos y no ayudan nada a que la historia avance. Los personajes secundarios, en ocasiones, son molestos. Empezando por la vecina que tiene al hijo disminuido, protagonista de una de las escenas más aburridas e irritantes de la cinta, en su primera vista a Carmina. El intento de drama costumbrista, de “tragedia de vecino”, resulta facilón a la par que innecesario.

Los personajes secundarios, aunque divertidos a ratos y protagonistas de algunos de los mejores momentos, en otros resultan de lo más ficticio e increíble. Sólo funcionan por el apoyo que les presta Carmina, tanto a nivel interpretativo como formal.

Su intento de drama costumbrista y a ratos panfleto social sobre temas de tremenda actualidad se sobreponen al relato, y tiran por los suelos la enorme cantidad de posibilidades cinematográficas que tenía la historia, algo que no ocurría en la primera parte, en la que esos aspectos sociales eran un mero contexto, y por lo cuál funcionaban mucho mejor. Suena a fácil, algo que no debería ser un problema si no afectase al ritmo del relato, pero lo hace.

El sistema de Paco León para dialogar el guión, las escenas, ha sido abiertamente expuesto por él mismo. El director dice que llegaba al set con un guión bien cerrado, pero que los actores y actrices lo desconocían. Al menos a nivel de diálogos. Allí, comunicaba a sus interpretes de qué iba la escena y dónde tenían que llegar, y lo sorprendente era que, tras varios intentos e indicaciones al elenco, estos llegaban por su cuenta a lo mismo que había llegado León sobre el prohibido papel.

Además de perfeccionarlo y darle una naturalidad imposible en algo escrito. Todo esto, a precio de que determinadas escenas acaben siendo muchísimo más largas de lo que deberían, aunque regalen algunos de los mejores momentos de la cinta. Ahí está la escena de Yolanda Ramos y Carmina, porro en mano. El “yo he probado coño, Carmina”, ya ha pasado a la historia de la comedia nacional, con derecho propio; pero su precio para el esqueleto completo de la historia es demasiado caro. Y por eso mismo ese tipo de momentos son con los que uno se queda de Carmina y amén, una película en la que sus mejores picos, que son sensacionales, casi no forman parte de la historia. Son aportes a la misma.

Aquí empiezo un spoiler como una puta catedral, quedáis avisados. Ya hemos mencionado el hecho de que la "saga" de Carmina es una mezcla de géneros y subgéneros muy específicos. Así como de películas. Si Carmina o revienta podía definirse como una simbiosis entre El Desencanto, de Jaime Chavarri - por su testimonio documental de una familia disfuncional pero aterradoramente común - y Sospechosos habituales de Bryan Singer, por su trama sostenida por un personaje que crea una tremenda puesta en escena frente al espectador; Carmina y amén es una mezcla entre Cinco horas con Mario y Breaking Bad. Y en este último término, en el hecho que me apoyo para sacar tal comparación está al final, cuando descubrimos que Carmina ha hecho todo lo que ha hecho porque tiene un cáncer terminal de pulmón y quiere dejar a su familia bien recogidita. Hecho, digámoslo ya, un poco sacado de la manga. FIN SPOILER!!


Carmina y amén es una cinta con la que te vas a reír. Con una factura técnica muy buena, dentro de los límites de un cine pequeño. Mucho mejor realizada y calculada desde el punto de vista de la dirección de cámara. Toda la secuencia del cementerio es fabulosa, para la cual se ha utilizado la Phantom, cámara que puede grabar a supervelocidad, por lo que la definición de los planos a cámara lenta es increíble.

Pero a pesar de todo. A pesar de las indudables risas, a pesar de que su duración es perfecta, de que su plantel de actores están geniales, a pesar de la genial subtrama de la vecina cleptómana y de la reaparición de la amiga de la Reina Sofía; a pesar de todo eso, Carmina y Amén deja un regusto medio decepcionante, porque no ha conseguido aportar nada nuevo y parece creer que sí.
  • Carmina y amén

  • Título original:
    Carmina y amén

  • Dirección:
    Carmina y amén

  • Año de producción:
    2013

  • Nacionalidad:
    España

  • Duración:
    90

  • Género:
    Comedia dramática

  • Fecha de estreno en España:
    2014-04-30

Sigfrido Gross

Sigfrido Gross nace en Málaga el 25 de junio de 1984. Su padre lo lleva, desde muy pequeño, a ver todo tipo de películas: desde cine de animación, a Las Tortugas Ninja o desde Batman a reposiciones del cine de Sam Peckimpah.

A parte del consabido trauma perpetuo e irreversible debido a ver cintas como Conocimiento carnal, Akira o Grupo salvaje, Sigfrido también adquiere una profunda e incontrolable pasión por el cine. De todas las épocas y géneros.

Tras estudiar el Bachillerato artístico y algo de fotografía, comienza estudios de Realización de Audiovisuales. Igualmente recibe un curso de guión en la ECAM, el cual le impulsa a profundizar un poco más en la escritura y estudia 3 años de narrativa cinematográfica en la Escuela Audiovisual del Mediterráneo.

Realiza su primer cortometraje, Residuos, que gana un premio a dirección novel en NexoSur y es rechazado en varios festivales por ser considerado 'muy violento'.

Escribe para varios medios de la web artículos sobre cine en todas sus facetas, cosa que alterna con la escritura y corrección de guiones. Para terminar la minibio, digamos lo que siempre se dice: "está trabajando en el que será su próximo cortometraje".

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