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24 de abril de 2015

Cómo sobrevivir a una despedida

por Andrés Robles

El mundo del cortometraje, en el que tanto talento tenemos los españoles, rara vez sale de los circuitos festivaleros y llega al gran público. Hace un par de años sin embargo, una de estas piezas de cine en miniatura consiguió lo imposible: hacerse viral en redes sociales, alcanzado así una popularidad casi inédita hasta la fecha para este tipo de obras. Era Pipas, una especie de Reality Bites de la generación Nini con la que Manuela Moreno estuvo nominada al Goya al mejor corto de ficción.

Con tales precedentes supondrán que, al menos un servidor, esperaba cosas grandes de esta directora cuyo salto al largo ha acabado siendo, por decirlo suavemente, decepcionante. Cómo sobrevivir a una despedida se llama el regalito y tiene la muy loable vocación de ser cine palomitero destinado a reventar taquillas. Algo que en ningún caso le repruebo. Es más, me parece estupendo, de verdad. El problema es que si el boca-oreja funciona como debe, vaticino que el trastazo va ser gordo. Mucho. Pero vayamos por partes.

La película cuenta las peripecias de cinco amigas - cuatro chicas y un homosexual - durante la despedida de soltera de una de ellas en Maspalomas, lugar que por si no lo saben, se lo digo yo que he estado, es el destino turístico ideal para gays con medio pie en el geriátrico. Como es de prever ante tal ocurrencia, todo puede salir mal y así acaba siendo... Tanto dentro como fuera de la pantalla.


Formando incomprensiblemente parte de la liga de honor en el Festival de Málaga, la cinta de Moreno se queda a medias en todo. Pretende ser gamberra pero no lo es tanto. Pretende ser burra y funcionar con golpes de sal gruesa y acaba siendo tan blanca como una serie de Disney Channel. Pretende ser el cruce definitivo entre Resacón en Las Vegas y La boda de mi mejor amiga para convertirse un aburridísimo ejercicio plagado de chistes rancios que continuamente son percibidos como un intento desesperado por captar al espectador. No hay nada más triste que querer hacer gracia sin ser gracioso, y aquí, salvo contadas ocasiones, esa es la tónica general.

Además, en este tipo de cine, que parece fácil pero que en realidad es complicadísimo de hacer bien, es vital la implicación con los personajes. Uno debe querer ir a muerte con ellos. Y para eso deben contar con un carisma, una chispa, un cuidado en su composición que aquí han sido totalmente olvidados. Recuerden la Inma Cuesta de Tres bodas de más y enfréntenla al personaje de Natalia de Molina o al resto de su pandilla. Sabrán a que me refiero.

Sigo sin entender cómo determinadas cintas tienen cabida en la sección oficial del festival malagueño. Y no lo digo por su pretendido carácter de divertimento alocado y pasado de rosca - Repito: no hay nada más difícil que hacer reír -. Me refiero a su paupérrima calidad. El año pasado en esta misma casa me quejaba de algo similar con Por un puñado de besos. Bien, pues la única diferencia con Cómo sobrevivir a una despedida es que aquélla, sin ser una comedia provocaba risa, y ésta, queriendo serlo, da ganas de llorar.
  • Cómo sobrevivir a una despedida

  • Título original:
    Cómo sobrevivir a una despedida

  • Dirección:
    Cómo sobrevivir a una despedida

  • Año de producción:
    2015

  • Nacionalidad:
    España

  • Duración:
    97

  • Género:
    Comedia

  • Fecha de estreno en España:
    2015-04-24

Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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