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6 de mayo de 2014

El desconocido del lago

por Andrés Robles

Saunas, descampados, estaciones de tren o autobús, parques... Sitios dispares con algo en común: son lugares de cruising. También la playa lacustre a la que acude cada día Franck lo es. Una zona en la que nadar o tomar el sol, en la que encontrarse con amistades incipientes como Henri o dar rienda suelta a su atracción por Michel, pero sobre todo una zona en la que follar. Así, tal cual. Porque eso es precisamente el cruising: acudir a lugares más o menos públicos para mantener relaciones sexuales con desconocidos. Este es el telón de fondo que Alain Guiraudie ha escogido para componer ese fresco sobre las relaciones y pulsiones humanas que ha resultado ser El desconocido del lago (Francia, 2013).


El director de Le roi de l'evasion (Francia, 2009) vuelve a escoger a un personaje homosexual para protagonizar su nueva película y decide optar por el naturalismo más extremo. Éste queda patente desde el principio en la forma de enfrentarse al desnudo, en la ausencia total de música, en el uso puntual de la cámara subjetiva o incluso en el magistral manejo del tiempo - perfecto ese recurrente plano fijo del parking que sirve lo mismo para marcar el paso de los días que para poner de manifiesto la rutina de los hombres que pueblan el lago y la arboleda que lo rodea -. Pero sobre todo es naturalista en unos diálogos aparentemente intrascendentes que poco a poco van componiendo a los personajes, que los van perfilando hasta hacerlos personas, que consiguen que entendamos su modo de concebir la vida. Todo parece estar pensado para hacernos más voyeurs que espectadores pero no con una intención morbosa sino aspirando a lograr un retrato sincero y realista.

En ese sentido y como ya ocurriera recientemente en La vida de Adèle (Francia, 2013) el sexo es abundante y explícito, muy explícito, hasta el punto de coquetear con la pornografía en algunos planos. Pero personalmente no detecto en Guiraudie la autocomplacencia onanista que si me pareció ver que subyacía en algunos momentos del trabajo de Abdellatif Kechiche. Eso no quiere decir ni mucho menos que el asunto esté tratado con afán reprobatorio o de manera sucia. El sexo aquí simplemente es lo que en realidad es para los practicantes del cruising: un desahogo físico, una necesidad fisiológica sin excusas ni pretextos, sin nombres, sin teléfonos, sin pretensiones de llegar a nada ni otro fin que el del alivio instantáneo. Y el director acierta al mostrar sin juzgar.


Otro asunto es el del género, aspecto en el que la película puede suscitar mayores controversias. Intentaré exponerles mi opinión sin desvelar más de lo debido:

En 1980 William Friedkin estrenaba A la caza, film sobre unos asesinatos de corte homófobo cuyo título original era casualmente Cruising. Por fortuna la visión que el cine tiene de la homosexualidad ha cambiado algo - no mucho o no siempre pero sí algo - y Guiraudie huye creo que con tino de la sordidez en la que se regodeaba el director de El exorcista, pero algo tienen en común ambas cintas. De igual manera a como la trama policiaca protagonizada por Al Pacino era una excusa para retratar de manera asombrosamente directa en su momento el ambiente de los locales leather del ambiente gay neoyorquino, la película francesa juega a ser algo que ni es, ni quiere ser.


En algunos sitios he oído y leído que El desconocido del lago es como si Hitchcock hubiera irrumpido en una película de Eric Rohmer. Poco he de decir en cuanto a la referencia al francés de cuya obra reconozco ser un (voluntario) ignorante - sólo he visto una película suya que no mencionaré por haberme parecido un tostón importante - , pero creo que sí se debe matizar lo relacionado con el inglés. La película de Guiraudie no es para nada un thriller; es más, diría que el director maltrata intencionadamente el género y casi se ríe de él como queda patente con el personaje de un inspector de policía más cercano a Clouseau que a cualquier otra cosa. Y creo que ese maltrato responde a una intención: hacer ver que su macguffin no persigue hacer avanzar la trama como en Hitchcock sino hacer comprender al espectador que nada, por grave que sea, puede quebrar el deseo del protagonista ni la rutina de los hombres que frecuentan el lago.

Mejor película en el Festival de Cine Europeo de Sevilla - donde también consiguió el galardón a la mejor fotografía -, mejor director - Alain Guiraudie - de la sección Una Cierta Mirada en Cannes, César al actor revelación - Pierre Deladonchamps - más otras siete nominaciones a los premios de la Academia gala. El desconocido del lago ha sido un éxito de crítica, y al salir del cine una parte de mi se preguntaba por qué. Contando ahora con la perspectiva de los días, creo que esa sensación inicial tiene mucho que ver con un tramo final atropellado e innecesariamente concesionario del (falso) thriller que nada tiene que ver - vuelvo a decir - con lo que Guiraudie quiere contar realmente. Con todo considero necesario hacer un último apunte: no es esta una cinta apta para todos los públicos, y no hablo ahora de su sexo, de lo escabroso de su trasfondo o de su temática - que no militancia - gay. No es apta porque compromete al espectador a acatar sin rechistar algunos elementos, a sintetizar y reinterpretar otros y sobre todo obliga a que se la deje reposar.

  • El desconocido del lago

  • Título original:
    L'inconnu du lac

  • Dirección:
    L'inconnu du lac

  • Año de producción:
    2013

  • Nacionalidad:
    Francia

  • Duración:
    97

  • Fecha de estreno en España:
    2014-04-04

Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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