treintaycincomilimetros

17 de octubre de 2013

El mayordomo de Oprah

por José Manuel Albelda


Existen películas que me inspiran la tentación de imaginar qué hubiera sido de ellas si, aún sin cambiarles una sola coma de su guión o un solo plano de su puesta en escena, hubieran tenido otro casting. ¿Qué hubiera pasado si, por ejemplo, una Winona Ryder hubiera interpretado a la Rose Dewitt Bukater del Titanic de Cameron, o si Ryan Goslin, en lugar de Fassbender, hubiera ocupado el papel de Brandon en el Shame de McQueen? Reconozco que es un juego fútil, pero estimulante.

El mayordomo (The Butler, Lee Daniels, 2013) es una de esas películas.

Yo creo que el propio cartel de El mayordomo constituye en sí mismo toda una declaración de intenciones: sobre un perfecto contraluz del perfil de Forrest Whitaker dibujado contra una de las ventanas del Despacho Oval se incrustan, embutidas dentro la negrura de su traje de camarero, la lista de personalidades que, con mayor o menor extensión de metraje, desfilarán a lo largo de toda la película de Daniels. Más allá del siempre incuestionable y eficaz Whitaker, cuando vi por vez primera aquel listado interminable de nombres heterogéneos, John Cusack, Vanessa Redgrave, Jane Fonda, Alan Rickman, Robin Williams, Oprah Winfrey, quedé intrigadísimo por conocer cómo encajaría Lee Daniels cada pieza en este biopic basado en hechos reales, que recorre, ahí es nada, cuatro décadas de interioridades de mesa y mantel de varios presidentes contemporáneos de los Estados Unidos.


Yo no sé qué hubiera pasado si Daniels se hubiera arriesgado a la hora de asignar los papeles de El mayordomo a unos perfectos desconocidos. No lo sé, pero me lo puedo imaginar; de hecho, me gusta mucho imaginarlo.

Ya al comienzo de la película, en la terrible y brutal secuencia de la plantación, uno empieza a intuir nada más ver la fugaz intervención de la Redgrave que hay detalles que empiezan a rechinar, como si en esta película el casting se hubiera diseñado deliberadamente para apabullar al espectador por el grosor del trazo de los apellidos. Pero apabullar no es convencer. A este respecto, todo es derroche y desaprovechamiento en El mayordomo, lo cual es muy grave, porque una historia a priori fascinante que, como el Malcom X de Spike Lee o el JFK de Stone, podía haber sido una perfecta maquinaria biográfica donde estuvieran compensadas fondo y forma, queda estrangulada por la presencia intermitente de unos actores y actrices a los que se aguarda como fuegos de artificio, deslumbrantes pero efímeros.

Es terrible este efecto, porque persiste a lo largo de todo el metraje y es como una maldición de la que es imposible escapar: uno ve a Jane Fonda interpretando a Nancy Reagan y no ve más allá, es decir, ve únicamente a la Jane Fonda actriz, no a su personaje, igual que se mira a John Cusack y no se consigue ver a Nixon; quizá por falta de desarrollo, quizá por la prisa de contar demasiadas cosas con pincel de trazo grueso, cuando más bien debiera haberse empleado más a fondo el tiralíneas; lo mismo puede decirse de Eisenhower y Williams, un papel tirado a la basura, y, también por desgracia, de Rickman y Reagan. Por otra parte, no quiero abundar en el destrozo que hace el pobre James Mardsen del presidente Kennedy, porque no está bien recrearse con las desgracias ajenas. Lo de Lenny Kravitz, vamos a hacer como que no lo hemos visto...

Entretanto -y sin embargo- el guión, y la historia, aún con todas las concesiones que se quiera a la sensibilidad del público norteamericano, funcionan. Funcionan a medio gas, claro, por lo que les decía de las interpretaciones. Lo cual es aún más triste y da mucha rabia, porque esa evidencia nos devuelve al planteamiento inicial: qué hubiera pasado si el casting hubiera sido otro.

Con todo, lo que para mí acaba por convertirse en el lastre más molesto de la cinta es -y bien que siento decirlo- Oprah. Omnipresente Oprah, todopoderosa Oprah, excesiva Oprah.


Todos, aun no siendo norteamericanos, sabemos quién es Oprah Winfrey; todos, aun no siendo norteamericanos, admiramos a Oprah Winfrey; todos, aun no siendo norteamericanos, recordamos su inolvidable interpretación en El color púrpura de Spielberg; y todos, aun no siendo norteamericanos, nos sentimos apabullados por el currículo de aquella a quien la revista Life considera la mujer más influyente de su generación. Pero de reconocer todo esto a asimilar la extensión que cobra su personaje en El mayordomo, va un trecho.

Los excesos que Daniels no le consiente a un Withaker que, aun siendo el protagonista de la película, permanece impecable y contenido dentro de su papel, Daniels se los permite a Oprah. Y las licencias, y la cámara en primer plano, abundantísima, y las lágrimas rabiosas con rímel corrido, tan agradecidas, y las carcajadas explosivas que todo lo inundan, y las líneas de guión esculpidas con cincel, a Oprah, Daniels todas se las consiente. Cuando se mima tanto a una actriz y se le regalan tantas dádivas al personaje que interpreta mientras se descuida tanto a otros protagonistas de la trama, créanme, se nota. Que Oprah Winfrey es una actriz más que competente, se ve a la legua, pero, por eso mismo, hubiera sido deseable no trastocar la perspectiva: en El mayordomo pareciera que Oprah es el planeta, y Whitaker y los demás sus satélites. Esto no tiene sentido. Entiendo que esa utilización profusa de quien es la reina de la televisión norteamericana es la excusa perfecta para que El mayordomo se haga con un buen puñado de Oscar, pero ese exceso, a mí, espectador de esta conmovedora historia, me estorba.

Y heme aquí, recién vista esta película, con ganas de revisitar Precious, y Criadas y señoras, y Arde Mississippi, y El sendero de la traición, todo ello gracias al apetito que me ha abierto El mayordomo, pero, por otra parte, con la cabeza y el corazón hechos un lío porque la obra de Daniels no me ha subyugado tanto como yo esperaba. Aunque, dicho lo dicho antes, no es muy difícil adivinar por qué.
  • El mayordomo

  • Título original:
    The butler

  • Dirección:
    The butler

  • Año de producción:
    2013

  • Nacionalidad:
    USA

  • Duración:
    132

  • Género:
    Drama

  • Fecha de estreno en España:
    2013-10-11

José Manuel Albelda

José Manuel Albelda nació en Madrid en el año del estreno de THX1138, "Muerte en Venecia y La naranja mecánica. Es periodista y está especializado en la dirección de documentales y reportajes de largo formato. Ha presentado y dirigido programas radiofónicos de crítica de cine y disecciona la Historia del Séptimo Arte en decenas de rebanadas dentro del blog La vuelta al cine en diez películas.

Ha impartido cursos y masters en varias universidades de Madrid y actualmente es miembro de la Academia de Televisión. Ha escrito, dirigido y estrenado un par de obras de teatro, El casting y La película de tu vida, y desde 2001 (es casualidad la fecha, coincidente con el nombre de su película favorita) compone bandas sonoras para cortos y cabeceras de televisión. Actualmente está escribiendo una novela titulada El paciente cinéfilo.

Kubrick, Wenders, Tarkovski, Ozu, Kurosawa, Dreyer, Truffaut, Hitchcock, Ford y Lang, le han enseñado a desconfiar de la impostura en el Séptimo Arte y a discriminar la paja del grano.

Ama el sonido de su Fender Stratocaster casi con la misma intensidad que La palabra, Los siete samuráis y La delgada línea roja.

Entradas recientes

Travesti Sitesi

Área de usuario

haber kaldırma