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8 de septiembre de 2016

Gernika

por Andrés Robles

No sé a ustedes, pero a mí, de entre todas las falacias que se vierten sobre nuestra cinematografía, la que más me enciende es aquella de que en España sólo se hacen películas de la Guerra Civil. Al oír la cantinela me pongo como la Bardem en un desayuno de Faes, y no puedo evitar sentir, mezclada con la rabia, una profunda pena.

Los españoles, que somos como somos, cerramos en falso el capítulo más doloroso de nuestra Historia reciente. No supimos afrontar ni el conflicto ni sus consecuencias, y decidimos tirar por el camino fácil, volviendo simplemente la cabeza y llamándolo Transición. De ahí mi desazón ante ese mantra manido y perverso que denota, no ya ignorancia, sino un odio enquistado en lo más profundo de nuestro ADN, fruto de la herida mal curada.

Como no soy más que un aprendiz de crítico que sabe muy poco de casi nada, no seguiré metiéndome en un pantano del que a estas alturas me llega ya el agua por las cejas -es lo que tiene ser bajito-, y me limitaré a hablarles de Gernika, la enésima cinta española sobre la Guerra Civil que, miren ustedes por dónde, se centra en un episodio inédito hasta ahora en la gran pantalla.

Vista en la Sección Oficial del último Festival de Málaga -cuyo jurado decidió mandarla a casa de vacío-, la obra de Koldo Serra no cumplió allí las expectativas por descafeinada, y cosechó más indiferencia que pasiones pese a no ser para nada un mal film.


Es cierto que el infame bombardeo merecía otra cosa. Algo más político y complejo, a la altura de lo ocurrido -no olvidemos: toda una población usada como campo de pruebas del armamento nazi con el beneplácito de quien ya sabemos-. Sin embargo conviene no olvidar que estamos ante una superproducción internacional destinada al gran público, que evita por ello meterse en según qué charcos. De esa manera -y ya lo sugiere su cartel que en eso es sumamente honrado- asistimos al clásico esquema yanqui de triángulo sentimental en río revuelto.

Aceptándola como tal, dando por buena que su opción es tirar de romanticismo para contar la escala humana de la tragedia, cumple con creces por más que en ciertos momentos abuse de clichés -Serra no renuncia ni si quiera al beso bajo la lluvia con la banda sonora a toda pastilla-, resulte demasiado academicista y la historia de amor no termine de cuajar ni sea tan desgarradora como pretende.

Sí, Gernika es Pearl Harbor a la española o Titanic con bombas, pero también es un entretenimiento de primera que, más allá de su impecable factura técnica y su exquisita coherencia en el uso de los distintos idiomas de los personajes -la versión original en este caso no es recomendable sino obligada-, huye de ese maniqueísmo tan frecuente a la hora de retratar a rojos y azules -que en lo del odio revanchista pringamos todos-, y resulta interesante en su reflejo del periodismo bélico y la censura.

Y ahora les dejo, que tanto conflicto patrio me aburre y quiero ver si los americanos han hecho alguna cosa con los suyos.
  • Gernika

  • Título original:
    Gernika

  • Dirección:
    Gernika

  • Año de producción:
    2016

  • Nacionalidad:
    España, Alemania, USA, Bélgica y Reino Unido

  • Duración:
    110

  • Género:
    Bélico, drama, histórico, romance

  • Fecha de estreno en España:
    2016-09-09

Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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