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23 de mayo de 2014

Godzilla

por Sigfrido Gross

Dicen que, al ver una película, tu juicio sobre ésta no debe verse nublado por el efectismo de la misma. Es decir, que si los recursos técnicos de la cinta se nota son tan enormes para cubrir los boquetes de un guión flojo, ese film nunca debería calificarse como “bueno”. Que ese subterfugio efectista es un remedio a la falta de calidad real, y por tanto tal medio es algo negativo en un proceso que acaba significando una tomadura de pelo al espectador. Todo esto, en teoría.

Godzilla, revitalización del monstruo cinematográfico por antonomasia - sin necesidad del permiso de King Kong - viene a demostrarnos que quizás esa teoría se haya quedado anticuada. Se haya convertido en el emblema, el eslogan del cineasta o del crítico pobre. La frase fácil del que cuando ve una película que sobrepasa lo imaginable a nivel de envergadura técnica, sabe que debería despreciarla por el simple hecho de ser por encima de todo fuegos artificiales. Y es que, al fin y al cabo, el cine nació principalmente y sencillamente como un nuevo fuego artificial.

Garreth Edwards, responsable de la curiosísima y exitosa Monsters, fue el elegido por Legendary Pictures para extraer de las cenizas de la derrota a este monstruo emblemático en la historia del celuloide. Y digo derrota porque la última vez que Hollywood recurrió a este bicho, fue allá por 1997, en una cinta protagonizada por Mathew Broderick y dirigida por Roland Emmerich, que para nada fue el éxito esperado y dejó un regusto a mierda que duraba hasta nuestro días. Pero ya no.

En una estratagema brillante - no exenta de casualidad-, en la que la liberación de los derechos sobre el personaje y el 60 aniversario de la criatura coincidían en el tiempo, el productor Thomas Tull y la compañía japonesa Toho - dueña y creadora-, idean un nuevo renacimiento del mito de Godzilla, en una época en la que los remakes, reboots o como queramos llamarlos, son ley. Y por tanto a nadie le iba a parecer oportunista o extraño.


Al elegir a Garreth Edwards, movimiento arriesgado teniendo en cuenta la poca experiencia del director, los productores apostaban por una película fresca y con un tono realista - a razón de la textura de Monsters -. La nueva Godzilla, un producto perfecto para la industria hollywodiense, nacía como un proyecto interesante y renovador. La elección del director gustó al plantel de producción - porque era barato -, a los fans y a la crítica sesuda. Esa que calló a los pies de Monsters por ser simplemente barata.

Volviendo a lo que decíamos al principio. Godzilla es un film de guión flojo, abrupto y bastante absurdo. Los personajes jamás son responsables de nada de lo que ocurre. Las cosas ocurren un poco porque sí, y es una acumulación de tópicos bastante ridículos a nivel narrativo. Científicos que quieren descubrir movidas que otros ocultan, padres ausentes, hijos resentidos, viudos con carga de culpabilidad, niñitos, padres coraje, madres enfermeras... El tipo de cosas que no sueles querer encontrarte en las películas.

Dicho esto, en Godzilla, gracias a su absurda y enorme envergadura, su gigantismo, su enormidad formal, técnica, física y presupuestaria, se logra maquillar de forma muy honesta todo lo negativo dicho antes. Y digo honesta porque el público es extremadamente listo y va a saber que la trama de la cinta no logra mantenerse sola, que es un cúmulo de tópicos de lo más antiguo. Y no te lo trata de ocultar. Y que lo que realmente te está vendiendo es, ya no el espectáculo -algo que cualquier producción de Hollywood puede- sino el uso acertado del concepto del mismo.


Su dirección, completamente magistral, es una de sus grandes bazas. La manera en la que están construidas las secuencias, las equivocadamente llamadas set-pieces, es perfecta teniendo en cuenta qué se está contando aquí. Su objetivo final.

Es ridículo, a la par que facilón, hablar del ejercicio de ir mostrando al monstruo muy poco a poco. De sugerirlo, sugerir sus formas, su figura. Que lo oigamos antes de verlo. Todo eso, tremendamente obvio, ocurre y de la mejor manera imaginable. Edwards va más allá de ese ejercicio obvio y manido, y nos regala - gracias a la magia y poder del dinero y facultades técnicas de Hollywood - una experiencia enorme. Brutal y muy extrema, que no macabra u original.

Las peleas, las increíbles escenas de destrucción; el tremendo cuerpo de Godzilla atravesando y arrasando ciudades sin que nadie puede pararlo; el destruction-porn llevado al límite en su mejor forma, superando lo que proponía Pacific Rim, Transformers 3 o, incluso, Los vengadores; es el grandísimo atractivo de este producto perfectamente consciente de sí mismo y necesario en las vidas de todos nosotros que, alguna vez, hemos deseado destruir nuestra ciudad así.


No voy a decir la chorrada de que entremos sin prejuicios. Somos público y, desde que pagamos esas burradas que hay que pagar para entrar, tenemos derecho a maldecir lo que queramos. Pero sí digo una cosa: que cambiemos ya el concepto de que la sobreacumulación de efectos especiales es sinónimo de engaño al público. Pues no lo es. Es sólo uno de esos recursos más. Igual lo es una cara famosa, o incluso igual lo es - visto de cierta manera - un guión de calidad.

Por cierto, el trailer tiene trampa. Mucha trampa.
  • Godzilla

  • Título original:
    Godzilla

  • Dirección:
    Godzilla

  • Año de producción:
    2014

  • Nacionalidad:
    USA, Japón

  • Duración:
    123

  • Género:
    Acción, ciencia-ficción

  • Fecha de estreno en España:
    2014-05-16

Sigfrido Gross

Sigfrido Gross nace en Málaga el 25 de junio de 1984. Su padre lo lleva, desde muy pequeño, a ver todo tipo de películas: desde cine de animación, a Las Tortugas Ninja o desde Batman a reposiciones del cine de Sam Peckimpah.

A parte del consabido trauma perpetuo e irreversible debido a ver cintas como Conocimiento carnal, Akira o Grupo salvaje, Sigfrido también adquiere una profunda e incontrolable pasión por el cine. De todas las épocas y géneros.

Tras estudiar el Bachillerato artístico y algo de fotografía, comienza estudios de Realización de Audiovisuales. Igualmente recibe un curso de guión en la ECAM, el cual le impulsa a profundizar un poco más en la escritura y estudia 3 años de narrativa cinematográfica en la Escuela Audiovisual del Mediterráneo.

Realiza su primer cortometraje, Residuos, que gana un premio a dirección novel en NexoSur y es rechazado en varios festivales por ser considerado 'muy violento'.

Escribe para varios medios de la web artículos sobre cine en todas sus facetas, cosa que alterna con la escritura y corrección de guiones. Para terminar la minibio, digamos lo que siempre se dice: "está trabajando en el que será su próximo cortometraje".

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