treintaycincomilimetros

21 de abril de 2015

Hablar

por Andrés Robles

Desconozco los planes educativos anteriores y posteriores, pero si son de mi quinta y, como yo, cursaron el malogrado BUP, probablemente leyeran Luces de Bohemia, esa estupenda pieza teatral en la que Valle-Inclán hacía que Max Estrella se encontrara con putas, anarquistas o borrachos, dando lugar a una suerte de foto fija del Madrid de principios del XX.

No crean que comienzo así porque quiera desvelar una edad que, lo sé, en ningún caso aparento - véase la foto de la derecha -. Tampoco para dar testimonio de mis años de alumno aplicado. Simplemente hago referencia al literato y su obra por ser la principal fuente de inspiración que Joaquín Oristrell reconoce haber tenido al plantear su último trabajo, Hablar (España, 2015), cinta inaugural de la décimo octava edición del Festival de Cine Español de Málaga en la que, como el del noventa y ocho, el director catalán se ha propuesto realizar una instantánea de esta España nuestra a la que el esperpento le viene tan al pelo.

Con tal premisa, ya pueden imaginar en torno a qué giran la mayoría de microhistorias que se van entrelazando en esa noche en Lavapiés en la que transcurre el film. Mucha crisis, mucho paro y mucho empleo precario. Pero también otras que por suerte se alejan de ello para dar testimonio de la variopinta noche madrileña.


Más allá, sin embargo, de ser un fresco sobre el aquí y el ahora, lo verdaderamente llamativo de Hablar es su carácter de experimento; el hecho de ser un plano-secuencia real de ochenta minutos en el que cada actor ha trabajado de manera activa en la escritura de su papel. No se puede negar que como experiencia es de lo más sugerente, aunque claro, también muy arriesgada. Y es que tantas manos en el cocido acaban dando lugar a una cinta bastante irregular, con algunos momentos brillantes que acaban empañados por otros cuyo tono extremadamente teatral llega a sacar de la película.

Es curioso que estos últimos suelen ser los directamente relacionados con la coyuntura actual, tratada de manera facilona y con tópicos de barra de bar, mientras que los se alejan de ella, abrazando una comedia que a aquéllos por lo general se les niega, suponen lo más fresco y divertido del conjunto. Impagable es por ejemplo la pieza protagonizada por Carmen Balagué y Miguel Ángel Muñoz - quién lo iba a decir - en la que ambos discuten sobre las aficiones del segundo, o los intentos desesperados de Raúl Arévalo - grande como siempre - por desvirtualizar a su ciber-amada. Frente a ello, María Botto se pone lorquiana para interpretar a una madre hambrienta cuya historia chirría, no ya porque la actriz declame al infinito, sino porque además su monólogo es de lejos lo más artificial y pomposo de toda la cinta -por no hablar de que la buena señora no tiene para comida pero sí para ir pintada como una puerta antigua-.

Con todo, pese a sus altibajos y a que demande a gritos mayor concierto, Hablar se ve beneficiada tanto por lo corto de su metraje como por el entusiasmo que desprende el proyecto. También por lo bien parida que está su planificación o la solvencia de su interminable reparto. Y acaba resultando interesante como experimento y entretenida como película.
  • Hablar

  • Título original:
    Hablar

  • Dirección:
    Hablar

  • Año de producción:
    2015

  • Nacionalidad:
    España

  • Duración:
    80

  • Género:
    Comedia dramática

  • Fecha de estreno en España:
    2015-06-12

Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

Entradas de Andrés Robles

Entradas recientes

Área de usuario