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11 de enero de 2016

La novia

por Andrés Robles

Aquellos de ustedes que, como yo, peinen ya alguna cana -en mi caso pocas, bien puestas y más fruto de los disgustos que me dan tipos como Shyamalan o Von Trier que de la propia edad-, puede que recuerden e incluso sigan padeciendo narcolepsia por aquella versión de La Celestina que dirigió Gerardo Vera. Si aún tienen pesadillas con el acento del madrileño barrio de Salamanca de Melibea y Calixto -unos, por entonces jovencísimos, Penélope Cruz y Juan Diego Botto-, sabrán que contar con un texto maestro sobre el que trabajar no es garantía de nada. Es más, la mayoría de las veces intentar adaptarlo a un medio distinto al que tuvo en origen resulta un lastre imposible de sortear.

Una buena adaptación es mucho más que seguir la palabra escrita a pies juntillas. Se debe reajustar el ritmo y saber emplear cuando toca los recursos exclusivos del lenguaje fílmico. Conservar la esencia del original y a la vez aspirar a tener una identidad propia que le otorgue razón de ser más allá de la mera copia. Una buena adaptación debe parecerse en fin a lo realizado por Paula Ortiz en su segunda película, La Novia (España, 2015).


Incomprensiblemente "relegada" a Zabaltegi en el último Festival de San Sebastián cuando debería haber estado en Sección Oficial con serias opciones para formar parte de su palmarés -Rebordinos no te lo perdono como no se le perdonan las cosas a Carmena-, esta nueva interpretación de Bodas de sangre, ortodoxa en cuanto al texto lorquiano -barajado a capricho por la directora- y respetuosa al máximo con la simbología y el universo del genio granadino, logra apartarse del costumbrismo con el que tantas veces se ha malinterpretado al autor y se convierte en una obra personal e intransferible, cuyo diseño de producción, intencionadamente ambiguo, pasa por ser metáfora de la atemporalidad de su historia de pasiones arrastradas y pulsiones venéreas.

Esteticista sin ser publicitaria, sensorial, lírica y telúrica como el propio Lorca, Ortiz no se contenta el mimetismo. Moldea a su antojo el original, lo traslada a la aridez paisajística de Los Monegros y La Capadocia, y lo complementa poniendo imagen a algunas elipsis -el baile de La Rueda, la lucha entre los amantes de La Novia...- con un resultado que a buen seguro habría enorgullecido a Federico.

El mismo Federico por cierto que habría sido infiel a Margarita Xirgu de haber conocido a Inma Cuesta, ese portento que lo mismo te sirve para un roto cómico -Tres bodas de más- que para un descosido desgarrado -La voz dormida-, y que aquí vuelve a demostrar que es una de las mejores actrices de su generación. En una cinta eminentemente femenina ella es la reina. Aunque no está sola. Leticia Dolera, Ana Fernández, María Fernanda Rosso y, sobre todo, una estupenda Luisa Gavasa como La Madre -el otro papel goloso de la función-, se encargan de arroparla con interpretaciones a su altura.


Otro cantar son los hombres. Dejando al margen al malogrado Carlos Álvarez-Nóvoa, ninguno de los dos vértices masculinos del triángulo protagonista cumple del todo. Es cierto que les toca ser la fea del baile y que los roles de El Novio y Leonardo son simples arquetipos de la estabilidad y la pasión, pero por más que así sea, ni Asier Etxeandia ni Álex García convencen. Especialmente descorazonador es el caso del segundo. No es que esté mal, y desde luego no seré yo -que estuve casi a punto de pillar un vuelo a Karadjistan tras las calenturas sufridas al verlo en Kamikaze- quien dude de sus cualidades físicas como galán. Con todo, no puede negarse que al chaval le falta garra como macho lorquiano capaz de conducir a la obsesión y la locura.

Poco más, a parte del relativo patinazo en el casting, se puede achacar a este espectáculo para ojos y oídos en el que se conjuga a la perfección el gusto lorquiano por los cánticos populares con la genial banda sonora de Shigeru Umebayashi -un servidor no sentía tanto amor por un oriental desde los tiempos de Bruce Lee-. Y es que hay películas buenas y películas malas. Películas que le hacen a uno querer renegar de la condición humana y otras de las que sale entusiasmado. Hay incluso algunas que son obras maestras incontestables. Raras veces sin embargo nos enfrentamos a cintas que transcienden lo puramente cinematográfico y dejan la sensación de haber visto algo especial y único. Filigranas visuales y narrativas que elevan el cine a la categoría de Arte. La Novia definitivamente pertenece al último grupo.
  • La novia

  • Título original:
    La novia

  • Dirección:
    La novia

  • Año de producción:
    2015

  • Nacionalidad:
    España

  • Género:
    Drama, romance

  • Fecha de estreno en España:
    2015-12-11

Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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