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15 de mayo de 2014

La vida inesperada

por Andrés Robles

Permítanme comenzar este análisis a la manera de uno de esos viejos consultorios radiofónicos, exponiéndoles algo que me inquieta desde hace tiempo, más que nada por comprobar si soy la única persona a la que le ocurre tan insólita cosa: desde que viera Big (Penny Marshall. Estados Unidos, 1988) allá por los últimos ochenta, siempre he soñado con tener la casa y el trabajo que Tom Hanks conseguía con sólo darle una monedita al bueno de Zoltar. Algo debo estar haciendo mal desde entonces, porque tras casi treinta años de desearlo con todas mis fuerzas, sigo sin tener una cama elástica en el salón, ni una máquina recreativa trucada, ni mucho menos he logrado que me paguen por probar juguetes.

No se alarmen, no se me ha ido la cabeza. No más de lo habitual al menos, créanme. Les hago partícipes de mis aspiraciones y mi fracaso con un propósito en mente. Y es que con frecuencia el cine, sobre todo el procedente de Hollywood, se ha afanado en hacernos creer que los sueños se cumplen siempre, que basta con proponerse algo y aferrarse a ello para acabar consiguiéndolo. Tanto lo ha hecho que la idea ha calado hondo en nuestro imaginario colectivo. Resulta pues refrescante y reconfortante un film como La vida inesperada (España, 2014), historia de soñadores y perdedores que se plantea cuál es el precio a pagar para la consecución de nuestras metas y, sobre todo, en qué momento debe uno pararse a mirar la vida con perspectiva y enfrentarse al hecho de que lo anhelado, a pesar de los esfuerzos, posiblemente no se cumpla jamás.


Tras la cámara está Jorge Torregrossa, director que tuvo un debut en el largo audaz pero fallido Fin (España, 2012). Era una cinta de ciencia ficción arriesgada, que partía de un planteamiento original y muy potente, para ir perdiendo interés conforme pasaba el metraje hasta convertirse en un experimento aburrido y sin mucho sentido. Parece que alguna lección debió aprender de aquello, y en su siguiente trabajo ha optado por pisar sobre seguro - si es que eso es posible en el cine español actual -, abandonando el género fantástico y poniendo en imágenes un guión de la siempre eficaz Elvira Lindo - no enumeraré sus colaboraciones con Miguel Albadalejo pero ahí están por si alguien duda de lo dicho -. El resultado es una película amarga a pesar de su disfraz de comedia, en la que se huye con acierto de dramatismos y tópicos, y que, esta vez sí, confirma a Torregrossa como un realizador muy a tener en cuenta.


De su labor destaca la visión que da de Nueva York. La ciudad es casi un protagonista más y todo el film está plagado de elementos que consiguen evocar su esencia. La música de Lucio Godoy y Federico Jusid, claramente inspirada en la obra de George Gershwin, o la luminosa fotografía de Kiko de la Rica, de colores vibrantes y predominio del amarillo, que recuerda a algunos trabajos de Carlo di Palma para Woody Allen, tienen mucho que ver en esto. Pero al contrario que en muchos casos - el tour que el propio Allen se ha marcado últimamente por algunas capitales europeas -, la película no tiene ese molesto aire postal turística. No en vano tanto el director como la guionista han vivido allí, y eso acaba jugando a favor de ambos.

En cuanto al apartado actoral, merece una mención el tándem protagonista. Raúl Arévalo, como el primo con una vida aparentemente perfecta aunque vivida por inercia, y Javier Cámara, como ese actor pluriempleado y fracasado que va cumpliendo años mientras actúa en teatrillos de cuarta, saben dotar a sus personajes de humanidad y matices, y sobre todo consiguen una química perfecta. Eso sí, considero imprescindible hacerles en este punto una recomendación: huyan de la versión doblada que servidor, a falta de sala en versión original, tuvo que sufrir. No es ya que en ella se pierda la riqueza idiomática de la cinta - que también -, sino que el doblaje, demasiado “hollywoodiense” en los americanos y con una desincronización preocupante por parte de los actores españoles - especialmente grave en lo que toca a Cámara - consigue sacar al espectador de la historia en muchas ocasiones.


Por lo demás, y salvando alguna concesión a la comedia romántica más manida, el de Torregrossa es un film altamente recomendable, con el que más de uno se sentirá identificado. Y es que, como su título indica, nos habla de esas vidas que nos toca vivir a muchos cuando siempre habíamos imaginado otras.
  • La vida inesperada

  • Título original:
    La vida inesperada

  • Dirección:
    La vida inesperada

  • Año de producción:
    2013

  • Nacionalidad:
    España

  • Duración:
    108

  • Fecha de estreno en España:
    2014-04-25

Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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