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13 de agosto de 2014

Las vidas de Grace

por Andrés Robles

Que el verano no es una buena época para el cinéfilo, es un hecho objetivo y perfectamente demostrable. Y no lo digo porque en los meses de estío los propietarios de las salas parezcan empeñados en provocar una pandemia de proporciones bíblicas a golpe de frigoría, que también, sino porque en estas fechas de estrenos con cuentagotas - la temporada de premios queda aún lejos - la cartelera se (re)llena con restos de saldo, secuelas de cuarta, algún que otro blockbuster y comedietas "ligeritas" a las que ir con el/la churri de turno. Ojo, no me malinterpreten, no es que yo sea Pumares o Boyero; me gustan las hamburguesas tanto como a cualquier otro. Pero claro, si en el menú sólo hay eso y encima la carne está un poco pasada, podrán hacerse cargo de mi frustración. De vez en cuando sin embargo, las distribuidoras parecen apiadarse de nosotros y nos regalan caramelitos como Las vidas de Grace (Estados Unidos, 2013), cine indie del bueno - y del de verdad, que ya sabemos lo que pasa a veces con la etiquetita de marras - cuyo encaje en la temporada de mayor trasiego resulta más complicado.


Compuesta a partir de las experiencias personales del director y guionista, Destin Daniel Cretton, que ya las plasmó en un cortometraje estrenado en 2008 y Premio del Jurado en Sundance 2009, la cinta retrata el día a día del Short Term 12 - título original, y mucho más acertado dada su relativa coralidad, tanto del corto como del largo -, un centro de acogida para menores con problemas, en el que éstos permanecen hasta la mayoría de edad o hasta que el Estado decide su destino. En él trabaja Grace, una de las tutoras de los chicos, cuyo pasado, como iremos descubriendo, no fue muy distinto al de muchos de ellos.


Si ya de por sí, la adolescencia es una época jodida en la que las hormonas le hacen creer a uno que el mundo está en su contra, imaginen aderezarla con problemas reales como un historial de abusos, la pertenencia a un entorno conflictivo o un trauma derivado de una pérdida importante, y con la sensación (fundada) de no tener futuro. Y sin embargo, pese al horror de lo que cuenta, Cretton decide mostrar el vaso medio lleno. Sin condescendencia y sin eludir el infierno de sus protagonistas, pero optando por dotar al metraje con cierto halo de optimismo y huyendo sobre todo de los subrayados inútiles y el drama barato. El resultado es una película a veces demoledora - ese par de momentos en los que dos chavales se abren gracias a lo que mejor saben hacer: una canción y un cuento -, a veces entrañable, pero siempre sutil. Gran parte de ello se debe sin duda a los dos años en los que el realizador fue cuidador en uno de estos centros, pero también gracias a la desvinculación del yugo hollywoodiense - piensen por ejemplo en Inocencia interrumpida (James Mangold. Estados Unidos, 1999) y sabrán a qué me refiero -.


El único pero del film, si es que se le puede poner, es el de centrase en Grace y un par de los chicos, Jayden y Marcus, mientras deja al resto del elenco como mera comparsa. No digo que deba decirlo todo de todos, pero hay personajes como Nate, un trabajador recién llegado, o Sammy, un chaval retraído y aferrado a los recuerdos, cuyas historias se esbozan para después prácticamente olvidarlas. Ahora bien, respecto a lo que cuenta, lo hace de manera pausada pero eficaz, dándonos a cada poco pequeñas píldoras que nos hacer ir entendiendo a los personajes, su pasado y sus traumas, y apoyándose en unas interpretaciones medidas al milímetro. Destaca en este apartado el trabajo de Keith Stanfield (Marcus), cuya mirada - vean sino la escena en la que el muchacho se rapa el pelo - es capaz de transmitir una ternura infinita y expresar a la vez, odio por lo pasado e incertidumbre y miedo por el forzoso e inminente abandono del centro.

Las vidas de Grace es una cinta emotiva pero sin concesión alguna a la sensiblería; en la que el drama viene de lo que se trata y no de la manipulación. Una cinta que conmueve y logra una identificación total con sus personajes gracias a la estupenda labor de su director y sus actores. Una cinta, en fin, que merece mucho, mucho la pena
  • Las vidas de Grace

  • Título original:
    Short Term 12

  • Dirección:
    Short Term 12

  • Año de producción:
    2013

  • Nacionalidad:
    USA

  • Duración:
    96

  • Género:
    Drama

  • Fecha de estreno en España:
    2014-07-25

Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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