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9 de octubre de 2014

Lasa y Zabala

por Andrés Robles

Quién nos iba a decir hace bien poco que llegaría el tiempo en que el cine español fuera capaz de producir, casi de continuo, tres cintas que en mayor o menor medida, de manera más o menos directa, y desde posturas y enfoques distintos pero sin tapujos, abordarían el tema, hasta ahora tabú, del conflicto vasco y más concretamente de lo relacionado con ETA y su entorno. A la exitosa Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez-Lázaro. España, 2014), que lo hacía de manera tangencial y desde el más absoluto desparrame, deben sumarse Negociador (Borja Cobeaga. España, 2014), obra por estrenar del guionista de aquélla, que se centra en los intentos de acuerdo entre la banda armada y el gobierno español en la etapa Zapatero, y esta Lasa y Zabala (Pablo Malo. España, 2014) que me propongo comentarles y que, huelga decirlo, está en las antípodas de las dos anteriores.


No creo que haga falta contar el argumento de la película, por cuanto ésta recrea la investigación y el juicio de los responsables del que posiblemente sea el capítulo más vergonzoso de nuestra historia reciente.

Teniendo el sumario de la causa como principal fuente, en la cinta se adivina una encomiable y rigurosísima labor de investigación. El problema es que a su director, Pablo Malo - notable cortometrajista y Goya a la Mejor Dirección Novel por Frío sol de invierno (España, 2004) -, parece haberle podido el miedo y ha intentado contentar a todas las partes limitándose a plasmar con la mayor exactitud posible los hechos, pero olvidando que la ficción ha de ser ficción, que debe estar bien contada, que debe entretener, emocionar o estremecer principalmente con el cómo y no con el qué - para eso ya está el documental -. Así, su obra tiene un arranque contundente con unos títulos de crédito magistrales en los que uno vibra al son de la genial banda sonora de Pascal Gaigne. Pero por desgracia, todo es un espejismo que se diluye tan pronto como comienza la acción, dando lugar a un aburrido relato rodado sin pulso y sin emoción.


La culpa, además de esa dirección abúlica, la tienen por un lado el guión de Joanes Urkixo, flojo, desangelado y con unos diálogos tan mal escritos que rayan el ridículo con peligrosa frecuencia; y por otro, unas actuaciones, que con poquísimas excepciones, le hacen a uno revolverse en su asiento. Destacan en el lado más negativo del reparto Oriol Vila y Francesc Orella, aunque en su descargo debe decirse que tiene telita el material con el que deben lidiar.

Siento recurrir al estereotipo más recalcitrante, pero considero que en esta ocasión está del todo justificado. Lo que en manos estadounidenses habría sido un interesantísimo thriller político, aquí, sea por falta de valor o de talento, da lugar a un telefilme lujoso pero vacío. Se agradece que poco a poco nuestros cineastas vayan atreviéndose a contar las partes más oscuras de nuestro pasado inmediato, aunque en este caso uno no puede más que lamentar que un material tan potente esté tan desaprovechado.
  • Lasa y Zabala

  • Título original:
    Lasa y Zabala

  • Dirección:
    Lasa y Zabala

  • Año de producción:
    2014

  • Nacionalidad:
    España

  • Duración:
    107

  • Fecha de estreno en España:
    2014-10-17

Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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