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10 de marzo de 2016

Los héroes del mal

por Andrés Robles

¡Ay, la adolescencia! ¿Recuerdan? Esa bonita época en la que las hormonas bullen, nacen pelitos en zonas insospechadas y nos ponemos contra el mundo porque el mundo parece estar contra nosotros. No hablo por mí, que como adolescente conflictivo fui lamentable por ser poco dado a la rebeldía, y que en la faceta de jovencito marginado tampoco di la talla al estar rodeado de otros más gordos, más raros o con mayores taras que yo. Pero ustedes... Ustedes seguro que pertenecieron a uno de los dos grupos -seguramente al segundo. Para qué negarlo-.

La adolescencia es momento de cambios. De descubrimientos y elecciones. De forja de caracteres y asunción de roles. De primeros contactos con la sexualidad -propia y ajena- y acceso a vicios adultos. Y claro, ante tal riqueza de elementos, no es de extrañar que haya sido terreno fértil para contar historias en el cine. Muchas de ellas además, óperas primas. Desde un Truffaut golpeado cuatrocientas veces a un Trueba que se dio a la buena vida queriendo ser como el francés -vaya, ya me delaté. Yo era el adolescente pedante-, han sido bastantes los directores que han escogido este tortuoso marco vital en sus primeros trabajos.


A la larga lista de debuts pubescentes se suma ahora Los héroes del mal (España, 2015), cinta dirigida por el otrora actor Zoe Berriatúa que cuenta las andanzas de tres chavales, carne de cañón para abusos de instituto, decididos a luchar contra el orden establecido en las aulas usando precisamente lo que reciben de sus compañeros. Violencia como reacción a la violencia en una escalada que no hace presagiar nada bueno -máxime cuando al frente del grupo está un perturbado de los de camisón blanco, cuchillo en mano y peluche arrastrando-.

Relato audaz, radical y burgessiano al que debe reconocérsele una gran cualidad: su ambición. El film deja entrever en casi todo momento la intención de no dejar a nadie indiferente, algo que juega muy a su favor y maquilla, en parte, sus no pocos traspiés. Y es que, pese a la valentía, en Berriatúa se palpa su condición de primerizo. Le ha faltado un poco más de mano al llevar a unos chicos que, sin estar mal -el joven Emilio Palacios rascó una mención especial del jurado en el pasado Festival de Málaga-, tienden con frecuencia a la sobreactuación. Tampoco ayuda la fijación del director por coreografiar secuencias al son de música clásica porque, aunque con algunas acierte de pleno, su continua repetición acaba por hacer que el ritmo de la película se resienta. Y además, en determinado momento parece que al también guionista le pueda el miedo a no estar contando nada -craso error-, lo que hace que se traicione a sí mismo en aras de una trama mucho más convencional y anodina.


Con todo, la maraña de relaciones y dependencias que se va creando entre los protagonistas, el dilema moral que plantean sus acciones o la crudeza de los pasajes más violentos, van conformando un film imperfecto pero interesante que merece ser visto aunque sólo sea por concederle al adolescente pardillo que llevan dentro la experiencia catártica que le debían.
  • Los héroes del mal

  • Título original:
    Los héroes del mal

  • Dirección:
    Los héroes del mal

  • Año de producción:
    2015

  • Nacionalidad:
    España

  • Duración:
    95

  • Género:
    Drama

  • Fecha de estreno en España:
    2015-09-11

Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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