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16 de octubre de 2014

Perdida

por Andrés Robles

Confieso que David Fincher es uno de mis directores-evento. Como de Nolan o Almodóvar, espero cada proyecto suyo con interés e impaciencia, y voy al cine ilusionado sin poder demorar la cita más allá del fin de semana del estreno. Hay que reconocer que el tío se lo ha currado, y es que desde la lejana Seven -sí, antes dirigió Alien 3, pero de esa ni él ni yo nos acordamos-, gustándome a veces más a veces menos, nunca, jamás, me ha dejado indiferente ni ha conseguido aburrirme. Sirva como ejemplo de esto La red social, una película cuyo argumento me interesaba tan poco como algunos de los videos que pululan por el invento de su protagonista, y que sin embargo me atrapó como si del biopic de mi santa madre encarnada en Julia Roberts se tratara.

Puestos en situación tras esta declaración de amor, sólo me queda hacerles una recomendación antes de comenzar a hablar de Perdida (Estados Unidos, 2014): si les apetece saber qué opino de ella, lean esto DESPUÉS de haberla visto. No es que vaya a destriparla. De hecho trataré de comentarla sin desvelar nada de su trama, pero realmente considero que en este caso, más que en ningún otro, cuanto menos se sepa de lo que se va a ver, mejor para uno.


Como en su cinta anterior, el director vuelve a adaptar un best seller, pero a diferencia de Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres, en la que su personalidad quedaba diluida y casi desaparecía en aras de una adaptación fiel al original, en Perdida Fincher vuelve a ser el de siempre, tan retorcido y perverso como en sus grandes obras, aunque en lo visual esté más comedido que en otras ocasiones. Desconozco cuánto se ha modificado del original literario, cuya autora, Gillian Flynn, lo es también del guión, pero o mucho se ha adaptado ésta al gusto del director, o el bueno de David ha encontrado en ella a la perfecta horma de su zapato.


Muchos de sus rasgos característicos aparecen en este film que a priori puede parecer que sigue la estela de Seven o Zodiac en el sentido de ser un thriller canónico, pero que, de tener una hermana dentro de la filmografía fincheriana, estaría más cerca de The game o, en todo caso, de El club de la lucha, la versión corregida, aumentada y lisérgica de aquélla. Como en ambas, Fincher establece un juego morboso y sádico con sus personajes y, sobre todo, con el espectador, que es vapuleado una y otra vez por obra y gracia de un guión en looping continuo. Un giro tras otro para una historia en la que Fincher cambia el paso incluso en el género, y lo que comienza siendo una intriga de manual acaba coqueteando con la comedia negra. Tanto volantazo podría llegar a cansar, y sin embargo resulta divertidísimo dejarse embaucar por el director.


En ello tienen mucho que ver su estupendo pulso narrativo así como el fantástico montaje de su colaborador habitual, Kirk Baxter. Ambos elementos dan lugar a un relato en dos tiempos de lo que parece y lo que es realmente esa pareja de supuestos triunfadores compuesta por Rosamund Pike y Ben Affleck. Una disección del matrimonio y sus miserias que, de paso, también se para a retratar -de manera un tanto facilona, todo sea dicho- la podredumbre de los medios de comunicación más amarillistas.

Perdida dista de ser perfecta, sobre todo por un tramo final atropellado y un pelín burdo que contrasta con toda la filigrana anterior, pero no hay duda de que es absorbente como pocas. Sólo cuando aparecen los títulos de crédito cae uno en la cuenta de llevar casi 150 minutos con la mirada fija en la pantalla, y aún así de buena gana lo estaría otro ratito por ver si Fincher se guarda algún as más en la manga.
  • Perdida

  • Título original:
    Gone Girl

  • Dirección:
    Gone Girl

  • Año de producción:
    2014

  • Nacionalidad:
    USA

  • Duración:
    149

  • Género:
    Drama, thriller

  • Fecha de estreno en España:
    2014-10-10

Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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