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8 de octubre de 2015

Regresión

por Andrés Robles

Si alguna vez fueron niños buenos, de los que siempre hacían los deberes y eran la envidia de las amigas maternas, recordarán ese aciago día en el que sacaron su primer siete. Lo que para sus compañeros más díscolos -los mismos que hoy se ganan la vida holgadamente como mecánicos porque acabaron haciendo FP mientras que ustedes son, digamos, teleoperadores porque optaron por licenciarse en, digamos, Historia del Arte- era un verdadero triunfo, para ustedes y sus familias fue una decepción mayúscula, un momento traumático que constató que no eran perfectos ni infalibles, que los alumnos modelo también tropezaban. Hoy nuestro Alejandrito ha traído las notas a casa y todos andamos descorazonados por la primera mancha de su expediente ejemplar.

¿Expectativas incumplidas? Sí... Pero no sólo eso.


Es cierto que, siendo como es junto con Almodóvar, uno de los dos únicos directores-evento que tenemos en España -tres si me apuran y metemos a Alex de la Iglesia-, transcurridos seis años desde su última película y sabiendo que su nuevo trabajo suponía la vuelta a lo que mejor sabe hacer, eso que los modernos llaman hype estaba por las nubes. Sin embargo el gran problema de Regresión no es únicamente una cuestión de estar o no a la altura de factores que realmente son ajenos a la propia obra. Claro que duele no ver por ningún lado la personalidad que Amenábar supo imprimir a toda su filmografía anterior. Claro que pesa la sensación continua de estar viendo un thriller convencional que podría haber firmado cualquier director de encargo con un mínimo de solvencia. Pero analizándola sólo en base a su creador estaríamos siendo injustos con ella.

Démosle pues la espalda a Ortega. Hagamos un complicadísimo ejercicio de abstracción y olvidemos el yo y las circunstancias. Ni siquiera así el resultado llega a convencer. Y no lo hace porque, más allá de su impersonalidad, lo verdaderamente preocupante de la cinta es el hecho de ser un continuo y abúlico déjà vu.


Amenábar tiene muy claro el mensaje, su -todo sea dicho- interesante reflexión de fondo, y con ella en mente no ha dudado en usar escuadra y cartabón para armar la historia que la sustenta. Un andamiaje de tópicos que acaba pasando factura por previsible. El poli bueno y solitario, demasiado implicado en el caso que investiga, los compañeros ineptos y recelosos que no hacen más que poner palos a las ruedas del carro, la chica desvalida que quizá esconda algo turbio... Uno puede ir tachando de la lista todas las convenciones del género policiaco, e inevitablemente, tanto lugar común acaba provocando que un espectador, de vuelta ya de casi todo, la vea venir de lejos. Sólo en determinados momentos -precisamente aquellos en los que se atisba al Amenábar del pasado, que juega al descuadre difuminando la frontera de lo real y lo imaginario a la manera de Abre los ojos- el film despunta y consigue captar el interés.

Esta vez se han salvado los muebles por la mínima. Esperemos que en la próxima reválida el niño Alejandro vuelva al redil y no haya que ir a septiembre.
  • Regresión

  • Título original:
    Regression

  • Dirección:
    Regression

  • Año de producción:
    2015

  • Nacionalidad:
    España, Canadá

  • Género:
    Thriller, policiaco, terror

  • Fecha de estreno en España:
    2015-10-02

Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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