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24 de abril de 2015

Sexo fácil, películas tristes

por Andrés Robles

De entre lo mucho bueno que tiene el Festival de Cine Español de Málaga, una de las cosas que más destaca es su carácter abierto y su falta de prejuicios a la hora de confeccionar la selección de películas. Es cierto que esto provoca a veces - y aquí me he quejado de ello - la inclusión en el programa de cintas cuya calidad es más que dudosa, pero en la parte positiva ha de reconocerse que ese talante aperturista también permite ver, bastante más a menudo que en otros certámenes, óperas primas dentro de la Sección Oficial. Este año hay varias, y una de ellas es Sexo fácil, películas tristes, coproducción hispano-argentina que supone el debut en la dirección del hasta ahora guionista Alejo Flah.

Rodada entre Buenos Aires y Madrid, la cinta cuenta sendas historias a cada lado del charco. Una "real", la de un escritor (Ernesto Alterio) que trabaja en el guión de una comedia romántica mientras ve como su vida sentimental se va al garete, y otra de ficción, la puesta en imágenes de ese libreto que paradójicamente retrata el inicio de una relación amorosa.

Sugerente punto de partida ese de asistir al proceso creativo de un autor obligado a escribir algo alegre en un momento desastroso. Por desgracia, el film decide tirar por otros derroteros y lo anterior no se aprovecha del todo. Es curioso que en este sentido, Flah peca justo de lo mismo que en su anterior trabajo, el guión de la fallida Séptimo: arrancar de una premisa potente que va perdiendo fuelle en el desarrollo. Y es que en vez de hacer que una de las tramas vaya afectando a la otra, ambas discurren en paralelo y rara vez se establece un diálogo entre ellas.


Siendo justos, dicha decisión, aunque cuestionable, no parece deberse a la torpeza sino que es intencionada. A lo largo del film la voz en off de Alterio va repasando las reglas del género sobre el que está escribiendo, y tales reglas sí que se ven aplicadas a pies juntillas en su obra. Tal juego, que supone quizá lo mejor del metraje, se convierte a la par en un arma de doble filo. Todos conocemos dichas reglas y ver sus entresijos reflejados en esa ficción alternativa resulta divertido, pero no es menos cierto que tanta fidelidad a las mismas hace que la historia de amor madrileña sea totalmente convencional y previsible. En cuanto a la del desamor del autor no tiene el suficiente peso específico, por lo que en realidad ninguna de los dos relatos de la cinta nos llegan a importar demasiado.

Y sin embargo, pese a todos sus problemas, la de Flah no es una mala película. Resulta entretenida y se ve con agrado, en gran parte por contar con un reparto que sabe cómo salvar los muebles y por la excepcional química existente entre Marta Etura - esa mujer capaz de iluminar la pantalla con un sólo gesto - y Quim Gutiérrez, en su eterno papel de galán con incontinencia verbal que tan bien ejecuta.

La aparición de algunos destellos de lo que pudo haber sido, el encanto de ciertos pasajes y el aire nostálgico de la trama argentina no hacen más que abundar en la sensación de que en la película hay buenas ideas mal aprovechadas. Con todo, Sexo fácil, películas tristes es una comedia con la que uno puede pasar un buen rato y de la que no se sale para nada descontento.
  • Sexo fácil, películas tristes

  • Título original:
    Sexo fácil, películas tristes

  • Dirección:
    Sexo fácil, películas tristes

  • Año de producción:
    2015

  • Nacionalidad:
    España, Argentina

  • Duración:
    92

  • Género:
    Comedia romántica

  • Fecha de estreno en España:
    2015-04-24

Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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