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23 de mayo de 2014

Snowpiercer

por Andrés Robles

Hace mucho tiempo que tomamos consciencia de que la Humanidad, tal como la conocemos, tarde o temprano se irá al traste, y son incontables los autores que en la literatura y el cine se han dedicado a imaginar cómo será la civilización posterior a esa catarsis inminente. De 1984 (George Orwell) a V de vendetta (James McTeigue), de Un mundo feliz (Aldous Huxley) a Gattaca (Andrew Niccol), de Metrópolis (Fritz Lang) a Hijos de los hombres (Alfonso Cuarón). Futuros distópicos cuyo origen está relacionado con los miedos o el momento histórico de cada época - el auge de los Totalitarismos, la tecnificación o, recientemente, la manipulación genética, el cambio climático y la superpoblación -, pero que suelen acabar compartiendo elementos comunes: férreo ordenamiento en castas, con una élite reducida y una gran masa de oprimidos en la que no existen las clases medias, falta de recursos, represión y control total del individuo, o divinización del líder.


Snowpiercer (Corea del sur, 2013), cinta dirigida por Bong Joon-ho y basada en la novela gráfica Le Trasperceneige, supone la enésima visita al género y no renuncia a ninguno de esos componentes, pero introduce un factor original como es el de comprimir toda esa sociedad y encerrarla en el reducido espacio de un tren en continuo movimiento, único lugar habitable del planeta tras su congelación total diecisiete años atrás.


Pese a su valentía, tal concreción en el emplazamiento es como poco arriesgada, y acaba provocando un par de lacras que no pueden ser pasadas por alto. La primera estaría relacionada con la verosimilitud de la historia. Es cierto que la ciencia ficción nos obliga siempre a hacer un ejercicio de fe para poder disfrutar plenamente de lo que vemos, pero aquí la cosa se agrava. Y es que, por mucho que en varias ocasiones se esfuercen en explicárnoslo - por cierto que, con demasiada frecuencia, acudiendo al recurso fácil de mal guionista en el que un personaje explica en voz alta algo que el resto debe saber sin duda - , no resulta nada creíble que tras tantos años aislados, el rompenieves siga contando con determinados bienes y comodidades. La segunda viene provocada por la propia estructura del vehículo, cuya linealidad en lo espacial acaba contagiando a la rebelión que se nos cuenta, por lo que en muchas ocasiones, tendremos la sensación de estar casi ante un videojuego en el que los protagonistas deben ir superando una fase tras otra para poder llegar al nivel final.


Sin embargo, si aceptamos lo anterior, asistiremos a una película francamente entretenida y sorprendente por su mezcla de una factura netamente yanqui con determinados modos de hacer típicos del cine oriental más gamberro. Así, la cinta es impactante por momentos en lo visual y cuenta con un reparto de lujo en el que encontramos actores de la talla de Tilda Swinton, John Hurt o Ed Harris, mientras que su ascendencia asiática está presente en el planteamiento de las escenas de acción, en determinados gestos y tics de los personajes - véase la interpretación de la Swinton -, o en ese sentido del humor tan particular que raya a menudo la locura y el absurdo - la escena del vagón guardería -.

Snowpiercer es pues un film que divierte y plantea alguna reflexión interesante, y que además cuenta con un desenlace algo alargado, pero desde luego inesperado y muy bien parido, lo que no es decir poco en vista de ejemplos recientes como la ñoña Oblivion o la decepcionante, a pesar de su sugerente punto de partida, Elysium.
  • Snowpiercer

  • Título original:
    Snowpiercer

  • Dirección:
    Snowpiercer

  • Año de producción:
    2013

  • Nacionalidad:
    Corea del Sur, USA

  • Duración:
    126

  • Género:
    Ciencia-ficción, acción, drama

  • Fecha de estreno en España:
    2013-05-09

Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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