treintaycincomilimetros

6 de enero de 2012

El origen del universo según Terrence Malick

por Jota Linares

Tiene que ser muy duro ser una obra maestra. No debe ser fácil tener que lidiar con las etiquetas de master piece y de obra cumbre que se le ponen a ciertas películas incluso antes de su estreno. El árbol de la vida es una de ellas, uno de esos acontecimientos revestidos de un cierto tufillo intelectual que le hace sentir a uno un paleto de tres al cuarto por no ver las características de una obra maestra por ningún lado durante el (abundante) metraje. Eso sí, se ha acuñado el término película adelantada a su tiempo para que el espectador de a pie se sienta ya directamente imbécil al no reconocer las bondades y virtudes de un film aparentemente venido del futuro, cuando todos serán más listos que ahora y apreciarán mucho mejor todo lo que cuenta El árbol de la vida. No quiero que se me malinterprete. La última Palma de Oro de Cannes, y quinta película dirigía por Malick en cuarenta años de carrera, es una buena película. Muy buena, de hecho. Pero supedita de tal manera la forma en que cuenta las cosas a lo que cuenta que echa por tierra muchos de los logros conseguidos gracias a la portentosa capacidad visual del director.



Porque El árbol de la vida son dos películas, tan diferentes una de otra como desiguales en sus resultados finales. Por un lado tenemos la historia central, una deconstrucción de la familia media americana durante los años cincuenta. El padre (un inmensísimo Brad Pitt) gobierna con mano dura una casa en la que el único resquicio de libertad y luz es la angelical figura de la madre (Jessica Chastain, todo un descubrimiento). Los tres hijos del matrimonio, especialmente el mayor, crecerán en un ambiente curiosamente opresivo a la vez que, a ratos, feliz. En esta parte se despliega todo el talento de Malick que es capaz de contar uno de los temas más recurrentes y manidos de la historia del cine, el paso de la inocencia de la niñez a las decepciones y oscuridades de la vida adulta, como si fuera algo completamente nuevo. El lenguaje cinematográfico toma las riendas de la película y deja el guión en un segundo plano, cuando no directamente lo manda a la quinta puñeta, para que las imágenes sean las que nos cuenten la historia de la familia. El espectador tiene que poner de su parte y dejarse llevar por una evocación bellísima y conmovedora de sus propios recuerdos de niñez, de los sinsabores de las primeras decepciones, de los juegos destructivos en los que se embarcan las pandillas de amigos motivados por la inconciencia de creer que se es invencible a cierta edad. Malick es capaz de plasmar en imágenes toda una etapa de nuestras vidas, a la vez que construye un poderosísimo drama en torno a un padre frustrado y una madre que no conoce otra cosa que la bondad y el amor.

La otra película que esconde El árbol de la vida es un sinsentido de escenas casi documentales (aunque las cortinillas de transición se parecen peligrosamente a un fondo de pantalla de Windows) que interrumpen la acción principal para explicar el origen de la vida en el Universo, dinosaurios incluidos (por cierto ¿hacía falta que éstos fueran tan digitales?). ¿Es esta parte visualmente interesante? Muchísimo, yo diría que incluso hipnótica por momentos. ¿Es necesaria? No, rotundamente no. Malick ahoga el relato principal con imágenes metafóricas absolutamente prescindibles, algunas de ellas tan redundantes como ese momento en que un depredador pisa la cabeza a un dinosaurio moribundo, oprimiéndole para después dejarle libre, momento que Malick reproduce por si algún espectador despistado no había pillado aún la relación de abuso de poder que se ha establecido ya entre el padre y el hijo.



El árbol de la vida no es fácil, la propia película lo sabe e incluso se enorgullece de ello. Pero diga lo que diga, no es una obra maestra. Lo podría haber sido si no estuviera tan encantada de conocerse a sí misma, si hubiera prestado más atención a la extraordinaria historia central que tenía entre manos y no al rollo new age con el que impregna innecesariamente algunas escenas que, dicho sea de paso, podrían haberse eliminado del montaje haciéndole así un gran favor a la película. Porque esa es otra, la duración del corte final. Creo que ya va siendo hora de que ciertos directores comprendan que hacer una gran película no tiene nada que ver con que ésta dure dos horas y media.
  • El árbol de la vida

  • Título original:
    The tree of life

  • Dirección:
    The tree of life

  • Año de producción:
    2011

  • Nacionalidad:
    EE. UU.

  • Duración:
    138

  • Género:
    Drama

  • Fecha de estreno en España:
    2011-09-16

Jota Linares

Jota Linares nace en Cádiz en 1982 y se traslada a Málaga en 2000 para estudiar Periodismo y Comunicación Audiovisual. Muy pronto empieza a interesarse por el mundo de la ficción, tanto a través de la escritura de diversos guiones como observando el mundo desde detrás de una cámara. Ha escrito y dirigido los cortometrajes '¿A quién te llevarías a una isla desierta?', 'Vivir rodando', 'Un cuento de hadas', 'Varices', 'Placer' y '3,2 (lo que hacen las novias)'. Ha ganado, entre otros, el premio andalesgai 2006 al mejor cortometraje andaluz, el premio del público en el 11 Festival de Cine español de Málaga, el premio RTVA al mejor director joven andaluz, el premio del público en el Fancine (cine de terror y fantástico) 2008, o el premio al mejor proyecto en el Certamen Andaluz de Cortometrajes 2009.
Con '3,2 (lo que hacen las novias)' lleva cosechadas 22 secciones oficiales y 4 premios.

Entradas recientes

Área de usuario