crónica

25.09.2017

Concheando 2017. Crónicas desde San Sebastián. Inauguración y fin de semana

por Andrés Robles

Levantarte temprano. Mucho. Carrera hacia el Victoria Eugenia o el Trueba. Kursaal. Un picoteo rápido. Mucho. Ponerte en cola una y otra y otra vez. Teatro Principal. Sección oficial, Horizontes, Zabaltegi... Alguna que otra Perla para asegurar el tiro. Y evitar la Concha. Sobre todo evitar la Concha para que las tradiciones se mantengan.


Un año más andamos enfrascados en la vorágine festivalera; en esos nueve locos días de cine que uno comienza con la ilusión de un niño en su primer día de colegio y acaba con maldiciones gitanas hacia los señores padres de los hermanos Lumière. Películas y más películas de todos los géneros, nacionalidades y calañas, y un hombre(cito) dispuesto a hablarles de ellas. Comencemos.

Viernes

La inauguración de esta sexagésimo quinta edición del Festival de San Sebastián ha corrido a cargo de un fallido Win Wenders e Inmersión (Submergence). Ni rastro del director de París, Texas en esta presuntuosa historia de amor con una enfermiza afición por el primer plano de los guapérrimos Alicia Vikander y James McAvoy, y la estética de un anuncio de perfume.


Una biomatemática que estudia el fondo marino -al parecer es una profesión real. Con qué cosas más raras se gana la vida la gente- y un agente de los servicios secretos británicos se conocen en un hotelito monísimo y viven su propio Antes del amanecer en este relato basado en la novela de J.M. Ledgard que intercala flashbacks del romance con pasajes de los derroteros que siguen las vidas de sus protagonistas tras él. El nulo interés de la historia de Vikander -algo más tiene la de McAvoy-, lo relamido de la propuesta y un tercer acto que, sin ánimo de recurrir al chiste fácil, naufraga sin remedio, hacen que la cinta se sume a la lista de aperturas mediocres -y ya van unas cuantas- de años pasados.

Tras ella llegó Alanis, film argentino dirigido por Anahí Berneri que no es el biopic de la Morrissette -ojalá- sino el retrato de una prostituta obligada a abandonar el piso en el que vive y ejerce. Se ve sin esfuerzos y se agradece su mirada desprejuiciada que ni condena ni trata de justificar a su protagonista, pero no hay nada en ella que la haga destacar realmente.

Lo último de Sección Oficial, aunque fuera de concurso, ha sido Uchiage Hanabi, Shita kara miru ka? Yoko kara miru ka? -se han enterado, ¿no?-, anime que no he visto pero que según los asistentes luce bastante barato y no ha convencido ni a los más japos del lugar.

Sábado

La jornada del sábado ha comenzado con La douleur, cinta francesa a cargo de Emmanuel Finkiel que me ha dado la puntilla para el resto del día. Tanto que he sustituido el pase posterior de lo nuevo del sempiterno Koreeda por un café bien cargado -me cuentan por cierto que he hecho la mar de bien-.

Basada en una obra semi-autobiográfica de Marguerite Duras en la que la escritora rememora la desesperada búsqueda de su marido, deportado por la Gestapo durante la ocupación nazi de París, ni la lujosa puesta en escena ni el memorable trabajo de su actriz protagonista, Mélanie Thierry, logran paliar un ritmo tedioso al que en nada ayudan el uso exasperante de la voz en off ni el tono pomposo.

Por suerte la cosa se ha animado bastante con la franco-belga Ni juge, ni soumise de Jean Libon e Yves Hinant. La reapertura de un antiguo caso es el hilo conductor -la excusa más bien- para acercarnos al día a día de una jueza de instrucción muy peculiar. Risas y no pocas carcajadas con este film inclasificable -¿es ficción? ¿es documental ficcionado?- en las antípodas de lo políticamente correcto. Cierto es que, analizado en frío, no deja de ser una ristra de sketches que por acumulación van perdiendo la capacidad de sorprender al espectador, pero en general resulta refrescante y liberadora.

Por último hemos visto El autor, nuevo trabajo de Manuel Martín Cuenca que vuelve a la Sección Oficial tras Caníbal (España, 2013) con esta adaptación de la novela El móvil de Javier Cercas.

Desconociendo el material original y a la luz de su argumento y su cartel, he de decir que entré al pasé convencidísimo de que vería un thriller, pero para mi sorpresa y la de la inmensa mayoría de los presentes, las andanzas de este aspirante a novelista, que ante su falta de talento, no duda en manipular a sus vecinos para conseguir la inspiración, están narrada en clave de comedia. Al descoloque contribuyen también algunas situaciones demasiado sacadas de madre -tanto que llegan a bordear la fina línea de la vergüenza ajena-, cuya presencia empaña una película por lo demás divertida y con un puntito sádico muy de agradecer. Eso sí, el Fipresci conseguido en Toronto le viene inmenso -ea, ya está, ya lo he dicho-.

Domingo

El domingo ha traído la primera gran decepción del festival. Y me explico antes de que cierta compañera de fatigas pida mi cabeza en una picota a las puertas del Kursaal:


Mucha era la expectación que provocaba Handia, lo nuevo de la productora vasca Moriarti tras la estupenda Loreak, sobre el caso real de un guipuzcoano que en un determinado momento comenzó a crecer sin freno hasta convertirse en un verdadero gigante. Huyendo del simple biopic y acercándose más al cuento -todo un acierto-, es indiscutible que a nivel formal supone un salto abismal. Fotografía, diseño de producción -se ambienta en las Guerras Carlistas-, música, sonido... Todo es exquisito y puede competir de tú a tú con producciones que triplican su presupuesto. Pero ay, la película cojea donde los Moriarti no habían fallado hasta ahora, esto es, en el plano emocional.

Todos los elementos están ahí -la desazón de un hombre exhibido como mono de feria, su paulatina degradación física, la relación con el hermano- pero todos están simplemente planteados sin que ninguno llegue a explotarse realmente. El resultado es un metraje que se ve con gusto pero con la continua sensación de ser una sucesión de oportunidades perdidas. Una pena.

Y de Euskadi hemos viajado a Grecia para ver Love me not de Alexandros Avranas -Miss Violence-. Lo que comienza siendo un film sobre la maternidad subrogada -un matrimonio adinerado acoge en su casoplón a su vientre de alquiler durante los nueve meses de embarazo- acaba como el rosario de la aurora por obra y gracia de un guión en continuo looping. Giros y más giros que hacen que la trama se siga con interés por más que el resultado final sea un Haneke wannabe.

Por último y en el apartado de ausencias, me he perdido Le sens de la fête, lo nuevo de Olivier Nakache y Eric Toledano -directores de Intocable o Samba-. Muy mal se tendrían que dar las cosas para que mi no presencia se tradujera en opciones para el palmarés, pero sí me cuentan que la cinta deja muy buen sabor de boca y ha resultado un soplo de aire fresco entre las propuestas más densas.

Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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