crónica

24.09.2015

Concheando. Crónicas desde San Sebastián. Día 4, lunes

por Andrés Robles

Hoy el día ha comenzado evocando Pretty Woman. No es que me haya pasado la mañana recorriendo las calles de Donostia a los mandos de un Lotus Sprit, no crean. Tampoco me he apostado contra una esquina del Kursaal con vestido elástico y las botas sujetas por un imperdible -no habría sacado gran cosa-. Simplemente he sustituido la inmensidad del cubo en el que normalmente arrancamos por la solemnidad del Victoria Eugenia, uno de esos teatros de oro y rojo sangre que inmediatamente te transportan a la secuencia de las bragas y La Traviata.

Allí se ha podido ver Eva no duerme (Pablo Agüero. Francia - Argentina - España, 2015), cinta de Sección Oficial que usa los avatares sufridos por el cadáver de Eva Perón como hilo conductor para hablar del convulso periodo posterior a su muerte. Destacable por su personal y sugerente propuesta visual, que mezcla imágenes de archivo con interesante uso de la iluminación y el fuera de campo en las partes de ficción. Por desgracia falla en el plano narrativo, y es que su estructura en tres actos -El embalsamador, el transportador y El dictador-, resulta demasiado teatral e irregular.

También se ha proyectado Amama (Asier Altuna Iza. España, 2015), la aspirante vasca a ganar este año la Concha de Oro.


Menos universal y accesible para el gran público que Loreak, la cinta ha sido acogida con mayor frialdad de la esperada en gran parte por la alargada sobra de aquélla. Una pena dado que en realidad su comparación no tiene sentido alguno -aunque se hartarán de oírla, ya se lo digo. De hecho como verán, yo acabo de caer en la trampa-, y sólo está justificada por la procedencia y la lengua de ambos filmes. Conflictos generacionales y obsolescencia de los modos de vida rurales para una cinta plagada de poesía y simbolismo. Tanto que ha provocado el rechazo de muchos que la tildan de pretenciosa. No es mi caso. Ni me extrañaría, ni me importaría verla en el palmarés.

Y dejando la Sección Oficial, ya iba siendo hora de acercarse a Horizontes latinos, puede que el más fuerte de los ciclos de esta edición. Pretendía ver hoy dentro de éste Desde allá (Lorenzo Vigas. Venezuela - México, 2015) y El club (Pablo Larraín. Chile, 2015), pero sólo me ha sido posible entrar a la primera por estar todas las localidades de la segunda agotadas -por cierto jefe, que la entradita me la he tenido que pagar de mi bolsillo porque sino no había manera. Ya le pasaré la cuenta-.


Ganadora del León de Oro en el pasado Festival de Venecia, Desde allá es una historia de ¿amor? homosexual de ritmo pausado pero constante y un final impactante. En ningún momento cae en lugares comunes del género queer y acaba calando hondo. De lo mejor que se ha podido ver hasta ahora.

El día ha acabado con el pase de prensa de High-rise, pero como se estrena mañana, mejor me tomo el Lexatín que la peliculita requiere y ya les cuento. Hasta entonces.

Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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