crónica

26.09.2015

Concheando. Crónicas desde San Sebastián. Día 7, jueves

por Andrés Robles

Aún no me repuesto del susto de ayer pero aquí me tienen, dispuesto a contarles el penúltimo día de festival con estrenos a competición -el sábado sólo nos quedarán la clausura y el palmarés-. Nuevamente dos películas optan hoy a la preciada Concha de Oro sin que al parecer ninguna tenga demasiadas opciones. Además de ellas, también he visto dos Perlas que son con las que voy a comenzar por aquello de darle variedad al asunto.


El Deseo y los Almodóvar tuvieron presencia en el pase de El clan (Pablo Trapero. Agentina - España, 2015) con una Esther García, contenta pero nerviosa, que se asomaba al patio de butacas del Victoria Eugenia justo antes de la proyección con la intención de medir el pulso a prensa y público. No era para menos. Tienen algo gordo entre manos y lo saben.

La Argentina de los primeros ochenta, una familia aparentemente modélica y su modo de vida, basado en el secuestro y la extorsión con el beneplácito de las altas esferas, dan lugar a un thriller realizado con pulso excelente, cuyo argumento, basado en hechos reales, pone los pelos de punta. A la ganadora del León de Plata al mejor director en el pasado Festival de Venecia sólo se le puede reprochar el hecho de no ser todo lo oscura que la historia requería.


Venida de otro certamen de renombre, en este caso Cannes -allí ganó el Gran Premio del Jurado-, Son of Saul (László Nemes. Hungría, 2015) también ha cumplido con el expediente, si bien servidor ha acabado con la sensación de que quizá la cinta ha llegado un pelín hinchada de la Costa Azul francesa. Recuerda a menudo a una Gymkana -ve del punto A al punto B para encontrar a X, y de ahí a C para hablar con Y-, pero es tan poderosa e intensa en su forma de contar el Holocausto en primera persona, con la cámara pegada siempre a la espalda del protagonista y la brutalidad sucediendo en un segundo plano desenfocado, que pocas pegas más se le pueden poner.

En cuanto a la Sección Oficial, hoy hemos visto dos películas que tienen en común el estar, como El clan, basadas en hechos reales.

Freeheld (Peter Sollett. Estados Unidos, 2015), protagonizada por Julianne Moore y Ellen Page, ha sido la cuota yanqui -dicho esto con toda la mala uva- de esta edición. Retratada ya con anterioridad en un documental, la lucha de Laurel Hester, una policía lesbiana enferma de cáncer, por conseguir que su pensión de viudedad le fuera concedida a su pareja, se merecía mucho más que este film correcto pero realizado con escuadra y cartabón e indudable tufillo telefilmero.

Otra oportunidad perdida es la de Les chaveliers blancs (Joachim Lafosse. Bélgica - Francia, 2015), sobre una pretendida ONG cuya intención era sacar niños de Chad para su posterior adopción en el país galo. El episodio, que armó gran revuelo en Francia, daba para realizar un entretenidísimo thriller con las hechuras de Argo o para una interesante reflexión sobre lo lícito o no del propósito y, sobre todo, las dudosas maneras de sus protagonistas. Nada de ello se consigue y todo el metraje es una especie de calma chicha que sólo en algunos momentos da muestra de lo que podría haber sido.

Esto ha sido todo y así se lo hemos contado. Mañana más y, si Rebordinos quiere, mejor.

Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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