crónica

22.09.2016

Concheando. Crónicas desde San Sebastián. Miércoles

por Andrés Robles

De niños y monstruos

El Kursaal es un espacio que impresiona. Mil ochocientas butacas y una pantalla inmensa que ponen el vello de punta la primera vez que se ven. Imagínenlo repleto, a oscuras y con toda la platea en silencio, mirando la proyección. Imaginen además ese silencio roto por suspiros ahogados y lágrimas. Eso es lo que ha conseguido hoy Juan Antonio Bayona, emocionar incluso a los corazones más duros con la premiere española -sección oficial, fuera de concurso- de A monster calls (Un monstruo viene a verme).


El realizador de El orfanato y Lo imposible completa su trilogía no oficial sobre las relaciones materno-filiales con esta adaptación de la novela de Patrick Ness en la que un niño afronta la enfermedad de su ser más querido con la ayuda de un monstruo imaginario. Un relato con un trasfondo mucho más duro y mucho más adulto del que en principio puede aparentar, en el que Bayona vuelve a demostrar ?en su vigorosa puesta en imágenes, en su manejo de las emociones? que es el alumno aventajado de Steven Spielberg.

También de monstruos y niños habla la polaca Playground de Bartosz M. Kowalski, salvo que esta vez no son monstruos inventados sino infantes de apariencia inocente pero capaces de cometer el acto más cruel que un adulto pueda concebir. Libremente basada en el caso real acontecido en Liverpool en los años noventa que escalofrió al mundo entero y que a buen seguro recuerdan, toda la cinta está concebida como un larguísimo prólogo de su impactante tramo final. Impactante por lo que cuenta y por su frialdad aséptica al mostrarlo. Algo que ha provocado que no pocos espectadores hayan abandonado la sala antes de tiempo.

Espantada por similares motivos ha habido también en el pase de Jesús, la segunda película a concurso de hoy. El chileno Fernando Guzzoni sigue a unos adolescentes a los que se le va la mano en una juerga nocturna. Un retrato de la juventud cuajado de tópicos -ya saben cómo son estos chicos de hoy: no estudian, no trabajan, se drogan con lo primero que pillan y mantienen relaciones (homo) sexuales a las primeras de cambio... Ya me podría haber tocado a mí vivir esta época-. Sexo y violencia gratuitamente explícitos completan un conjunto totalmente prescindible.

Y para cambiar el tercio ha llegado I, Daniel Blake, la última Palma de Oro en el Festival de Cannes. Cinta en la que Ken Loach vuelve a hacer lo mismo de siempre. El género que domina, el género que inventó. Se ve con agrado este relato sobre un tipo enredado en la maraña de la burocracia, intentando que le sea concedida una pensión por invalidez, pero deja con la sensación de que el premio recibido en la Costa Azul ha ido más al hombre -¿al nombre?- que a la obra.

Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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