crónica

25.04.2016

Crónicas malagueñas. Día 2, sábado

por Andrés Robles

Ahora sí que sí. Tras la toma de contacto de ayer, hoy el ritmo del festival se acelera con los pases de las dos primeras películas que optan a la Biznaga de Oro. Y no ha arrancado mal la cosa. A una primera propuesta que ha dejado buen sabor de boca, le ha seguido otra que, pese a ser irregular y haber dividido más la opinión, está por encima del nivel medio de la edición anterior. Pero vayamos por partes.

Inés París -directora de A mi madre le gustan las mujeres y Semen. Una historia de amor- comienza tonteando con Agatha Christie para acabar poniéndole los cuernos con Arsénico por compasión en La noche que mi madre mató a mi padre, comedia negra en torno a una disparatada cena con cadáver a los postres, cuyos comensales son Belén Rueda, Eduard Fernández, Diego Peretti, María Pujalte, Fele Martínez y Patricia Montero.

Reconozco haber llegado a ella con bastantes prejuicios tras haber visto un tráiler que le hace un flaco favor, y lo cierto es que sus primeros compases no hacen más que alimentarlos, pero poco a poco va cogiendo cuerpo y creciendo hasta meterse al público en el bolsillo gracias a un guión con buen ritmo e indudable chispa.


Por su parte, David Cánovas se estrena en el largo con La punta del iceberg. Más drama que thriller para una cinta en la que Maribel Verdú -estupenda como siempre- debe investigar el motivo por el que la gente de su empresa se suicida con la misma facilidad del que va a echarse un piti entre informe e informe. Pese a ser bastante maniquea y no llegar a mayores conclusiones que las que expone en el minuto uno, se ve con agrado y cierto interés gracias sobre todo a su apartado interpretativo.

Este sábado también ha marcado el inicio de Zonazine. El film encargado de cortar la cinta roja ha sido Estirpe, primer largometraje de Adrián López sobre los avatares de la adaptación al cine de un ficticio cómic español de culto. Una idea brillante que pierde bastante en su desarrollo y ejecución. Lo mejor, su parte mockumentary con impagables cameos de Sergio Peris Mencheta, Joaquín Reyes, Borja Cobeaga, Carlos Vermut o Nacho Vigalondo.

Por último, en el apartado de homenajes hoy ha sido el día escogido para la entrega de un discutible Premio Málaga Sur. El galardón otorgado anualmente a un actor o actriz de extensa trayectoria profesional y que luce en las estanterías de Verónica Forqué, Carmen Maura, Rosa María Sardá, Luis Tosar, Maribel Verdú o Antonio de la Torre, ha recaído esta edición en Paz Vega. Pues nada, a disfrutarlo.

Lanzada la piedra y antes de que se me echen encima los admiradores de la sevillana, me despido. Mañana les sigo contado... si me dejan.

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Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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