crónica

28.04.2016

Crónicas malagueñas. Día 6, miércoles

por Andrés Robles

Miércoles. Ya es miércoles. Ya hemos superado la mitad de festival y aún no se ha proyectado esa película en la que todo el mundo piense al hablar de biznagas. Hoy desde luego no ha sido el día. La Sección Oficial nos tenía preparadas dos cintas que han despertado pocos amores y más de un cabreo.

Con Zoe, la primera de la jornada, ha llegado el cine social al Cervantes. Cine social de palo, añado yo. Rodado con medios precarios y actores no profesionales a excepción de una de sus protagonistas -Rosalinda Galán-, en el film de Ander Duque acompañamos a una madre, soltera y en paro, que junto a su hija va dando tumbos tras haber sido desalojadas de la casa en la que vivían. Resulta casi imposible no compararla con Techo y comida -vista en esta misma competición la pasada edición- y dicha comparación es más odiosa que nunca.

No dudo de las buenas intenciones de su director. Tampoco dudo de la idoneidad de este tipo de flims -de guerrilla- en los tiempos que corren. Pero sinceramente considero que no todo vale. Zoe es fallida, y lo es porque en todo momento uno puede ver la impostura dentro de la supuesta naturalidad que persigue, lo forzado de cada diálogo en los que la improvisación no consigue su objetivo sino justo el contrario -desconcierta ver cómo es la actriz citada la que dirige y fuerza determinadas conversaciones en las que el resto del elenco es incapaz de dar una réplica coherente-. El resultado es una cinta cuyo metraje va pasando sin que uno se conmueva un ápice, ni si quiera en ese final tan planificado para ello como alejado del tono general.


Algo más interesante -y digo "algo". Así que guarden los cohetes- ha sido Callback de Carles Torras, el enésimo acercamiento a la persecución del sueño americano, vista esta vez desde los ojos de un tipo solitario, mozo de mudanzas y aspirante a actor, al que se le presume algún que otro problema mental. Es precisamente es la construcción de éste lo que salva un poco los muebles de una película que sigue los cánones cuando no fusila ese subgénero que yo llamo "prota con tarita" y cuyo principal ejemplo es Taxi driver.

Afortunadamente con la tarde ha llegado la sorpresa. Los comensales va directa a mi palmarés y a buen seguro estará también en el del festival. Entiendo su inclusión en Zonazine dado el modo en el que fue concebida y realizada -los actores no tenían guion preestablecido y todo se rodó sin repetir una sola toma-, pero me habría encantado verla, y más hoy, en la sección reina.

La cita de Peter Brook que aparece en los créditos finales resume a la perfección su metraje: "El teatro no trata de nada en concreto. Trata de la vida. Es la vida". Parafraseándola les digo que el film de Sergio Villanueva no trata de nada en concreto, sencillamente es una carta de amor al teatro, al arte de interpretar vidas ajenas, en la que Silvia Abascal, Juan Diego Botto, Sergio Peris-Mencheta, Quique Fernández y Denise Despeyroux desnudan su profesión y su alma.

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Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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