crónica

29.04.2016

Crónicas malagueñas. Día 7, jueves

por Andrés Robles

Si lo llego a saber, lo digo antes. Ayer mismo me lamentaba aquí de que aún no hubiera una película con opciones de premio. Bien, pues como si alguien, no sé dónde, me hubiera escuchado, hoy la Sección Oficial malagueña ha hecho pleno con dos cintas -sobre todo la segunda del día- que tienen hechuras de palmarés. Después, como siempre, meteré la pata y acabará llevándose el gato al agua la que más a caldo haya puesto o directamente la única que no veré, Nuestros amantes, pero ese es otro tema.

Haciendo un paréntesis les diré que al encarar el festival y programarme los pases, intento no saber absolutamente nada del argumento de cada film. Me encanta la sensación de llegar totalmente virgen a la sala y sorprenderme al iniciarse la proyección. Es por ello que cuando un par de minutos antes de comenzar Cerca de tu casa alguien me ha dicho que era un musical, me han temblado las carnes. Y cuando he sabido que iba de desahucios, ya ni les cuento.


Reconocerán que a priori la mezcla es heavy metal, que lo primero que a uno se le viene a la cabeza es que hay cosas con las que no se debe frivolizar -y lo digo yo, que soy partidario de reírme hasta de mi sombra-. Pero nada más lejos de las intenciones de Eduard Cortes, que trata el tema con la sensibilidad que requiere, realizando una película deliciosa y nada maniquea, y dando al asunto una vuelta de tuerca que se agradece. Además, qué leñe, cualquier película en la que participen Adriana Ozores y Lluis Omar a mí ya me tiene ganado.

Me apresuraba a encumbrarla en mi top sin saber lo que estaba por llegar. Y miren que tampoco daba un duro por La propera pell. Mi olfato, dirán con toda la razón, es como para tener que ganarme la vida buscando trufas, pero esta vez tengo una excusa contundente: lo último que vi -más bien sufrí- de uno de sus directores, Isaki Lacuesta, fue Murieron por encima de sus posibilidades.

Y en esas arranca el proyector y desde el principio me conquista la historia de ese chaval perdido en la montaña e identificado años después. Y me engancha todavía más cuando Lacuesta y su codirectora, Isa Campos, salpican aquí y allá dudas que me van calando poco a poco. Cuando la cinta se acerca a ese estupendo documental llamado The imposter que demuestra que la realidad supera con creces a la ficción. Y me desarma una gloriosa Emma Suarez a la que los años le están sentando de maravilla? Una pena que el final patine por efectista. No era necesario.

Aunque sólo es una mancha que emborrona lo justo un film excelente.
El (relativo) bajón ha llegado La Pols (Cenizas), sexta y última Zonazine de este año. Llàtzer García adapta su propia obra teatral en esta cinta que arranca con la noticia de una muerte. Tiene elementos interesantes -esas dos maneras de encarar el duelo y las convenciones asociadas al mismo- pero tiene una afectación heredada de su origen escénico que me saca constantemente de ella.

Hasta aquí por hoy. Vayan sacando los pompones porque mañana será mi último día en el festival.

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Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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