opinión

03.07.2012

Ciberopulencia descontrolada

por Biktor Kero

El cine ha sido siempre un entretenimiento costoso, espectacular, laborioso, complejo... faraónico. Desde las superproducciones amazingly-mind-blowing-brain-destroyers hasta la producción más modesta naive-minimal-independent-for-me-and-for-my-mother. Todas han necesitado un apoyo motriz de base sólida, sobre todo en temas de financiación, logística, tiempo y despliegue humano. LA PRODUCCIÓN CINEMATOGRÁFICA. Ou yeah. Suena a empresa mastodóntica indomable a la distancia de la Luna en una realidad paralela. Una pirámide que solo se hacía realidad con un ejército esclavo de descerebrados apasionados y un cofre lleno de oro y sin hueco para los escrúpulos.

Rodaje del faraónico peplum épico 'Ben-Hur'
Rodaje del faraónico peplum épico 'Ben-Hur'


Hasta hace no tanto, una producción era algo impensable para cineastas amateurs y primerizos. Bueno, o para cualquiera realmente. Así se entendía y así se veía cuando ibas a una sala a maravillarte con las historias y con el despliegue montado frente a ti para hacerte soñar. Y así ha ido también, paralelamente, ganando esa fama de oficio de arte elitista donde solo unos pocos eran los elegidos para formar parte del sistema y sus círculos intocables. Eso era así, indiscutiblemente hasta... hasta que llegó EL CINE DIGITAL para trastocarlo todo. Ese mundo maravilloso donde cada uno es una especie de dios multi-funcional, omnipresente y todopoderoso.

¡Tú también puedes ser un filmmaker, boy! ¡Camon, saca tu móvil y a grabar!

-¡Yo quiero ir a ese mundo, papi, cómprame una handycam! -No, niño, te compro una cámara de fotos y vas que chutas. -¡Me vale, gracias! Y se te abren las puertas (a cámara lenta y con humillo saliendo del otro lado) de la popularidad y hasta el tipo más asocial puede llegar a ser una estrella en potencia y un trendy-man con millones de visitas en youtube. Aunque seas bajito, con gafas, raro y cantes canciones pop motivado ante tu webcam.

"The new iPhilmmakers"


La cosa ha cambiado, eso está claro. El mundo digital ha llegado para trastocarlo todo, eso es así. Just like that. Como el hermano impertinente que regresa a la familia después de vivir mucho tiempo fuera y ahora es un borracho beodo que se tira pedos delante de la abuela. Es molesto, pero es nuestro hermano. Hay que abrazarlo, hay que mimarlo o se nos convertirá en un engendro aún peor. Hay que hablar con él, comprenderlo, razonar sus desvaríos... es nuestro deber.

Menudo panorama. Estamos en la era de: Yo, Joseluís Fernández, cojo mi cámara y grabo a mi cuñado dándose el lote con mi hermana, le pego tres collejas y me monto un pedazo de 'flim'. Lo subo a internet, me hago un blog que es gratis, un cartel copiando tutoriales con el Photoshop pirateado y soy el rey de mi barrio y de los frikis del mundo como yo. Una pieza expuesta a todo el mundo. Algo que todos pueden hacer y todos pueden contemplar, incluso aborrecer. O sea, demasiados "todos". Todos no caben en un mismo sitio. "Todos" significa desbordamiento inminente. Todos los viajeros del Titanic no caben en las balsas de salvamento. Todas las gominas de la tienda de caramelos no caben en tus bolsillos. Vamos, que de todo sobra mucho.

Por suerte nada es gratis en este mundo, pues existe un balance universal sin el cual la realidad sería un caos. Obviamente, cada ventaja tiene un inconveniente. Cada poder, una responsabilidad. Cada paquete de pipas, su pipa chunga. El mundo se está saturando, nos estamos asfixiando en el regocijo de tal algarabía cibernética. Nos estamos empachando de información y casi ahogándonos en nuestro propio vómito de opulencia binaria. Nada se valora como es debido, todo es superfluo porque expira nada más consumirse. Lo que no es de ferviente actualidad, muere. Lo que no te comenta 100 personas que mola, no mola. Lo que no tiene millones de visitas pasa a formar parte del estercolero de la vulgaridad, esa montaña de basura trivial que se acumula a la salida de nuestras casas. Apesta, nos pone en peligro. Enfermedades, peste, mala imagen, ansiedad. ¡Qué asco! Es un problema que solo depende de nosotros mismos para erradicarlo.

La información se multiplica y se 'requetemultiplica' incesantemente, como un cultivo de bacterias. La multiplicidad de la simpleza contamina la pureza de lo único. Es agotador, hay que ir apartando desperdicios para poder surfear.

El estercolero de la ciberopulencia.
El estercolero de la ciberopulencia.


Pero lo que me atañe es lo referente a lo audiovisual, que es donde viene la inflexión en la reflexión. Que algo sea gratis y cueste poco esfuerzo no implica que sea relevante. Así que, ¿para qué molestarse en hacer algo sin valor alguno? ¿Nos han comido tanto la cabeza con que ser popular mola que todos queremos un pedazo del pastel de nata, flores y relleno de hiel? Si algo ya existe, no lo repitas. Y si lo haces, no lo muestres a los cuatro vientos al menos. No hay nada más triste que eso: basar lo que haces en reiterar lo de otros. Ejemplos que son muy annoying de esto es el mundo de las noticias informáticas, por poner un ejemplo. Una noticia sale, y en cuanto lo hace hay 300 cavernícolas antropófagos esperando para despedazar esa información, hacerla trizas y llevarlas a su guarida para poder llegar grandiosos con la presa y hacerla suya ante las féminas. Es desesperante. Puede haber perfectamente 30 blogs con la misma exacta noticia, letra a letra, usando los magníficos conocimientos inculcados en la prestigiosa Universidad de Oxford del "Copia/Pega/Triunfa".

Aquí hago un inciso para comentarme a mí mismo: "Vale, ya has hecho la exposición. Muy bonito. Pero no queremos que este texto acabe siendo parte de ese estercolero. Así que, ¿qué quiero realmente transmitir? ¿Qué puedo hacer para que este esfuerzo mío tenga sentido y merezca la pena?". Vamos a echar un vistazo general a todo esto.

Somos testigos vivientes del comienzo de una era nueva. Aún no está desarrollada del todo, y por eso es caótica y confusa. Pero se está gestando y los antiguos esquemas se están resquebrajando, los viejos libros mohosos de los paradigmas están temblando mientras se descomponen por la implacable acción del tiempo en la física de su materia. Las estatuas de los antiguos reyes, antaño dueños y señores de su reino, lloran solas en plazas donde nadie ya va porque la gente se aburre de ver siempre la misma cara de mármol. Y tenemos la responsabilidad de hacer de esta época algo que plasmar en los libros de historia, algo maravilloso. Con responsabilidad.

Un nuevo ser contempla el aberrante frenesí de sus antepasados.
Un nuevo ser contempla el aberrante frenesí de sus antepasados.


La próxima vez que vayamos a hacer algo creativo en lo que creamos de verdad, vamos a pensar (y yo mismo me incluyo): ¿Esto se ha hecho antes? Si se ha hecho, ¿cómo puedo mejorarlo y hacerlo único de nuevo? ¿Cómo puedo basarme en ello para hacerlo personal, fresco y sincero? Si no se ha hecho, ¿cómo puedo sacar el mejor partido de ello? Se tarde lo que se tarde, cueste lo que cueste, mejor no empezar algo si no va a aportar nada al mundo. Cuando creamos que tenemos ese "algo" especial, llevémoslo a todos los exponentes posibles, a los máximos. A todas las tangentes. Y cuando sintamos que no se le puede dar más vueltas y todas sus posibilidades se han exprimido, luchemos con uñas y garras y aguijones y púas y adrenalina para hacerlo realidad. Absorbe, inspírate, no te conformes. Si amas lo que haces, que se note en cada partícula, en cada resquicio. Aunque parezca que no, la gente lo notará. Pues nuestros actos se impregnan, involuntariamente, del estado de ánimo con el que los creamos.

Para terminar, no queremos que los humanos del futuro miren atrás a nuestra época y digan: "Vaya, mira. ¿Recuerdas? Esa época fue en la que comenzó la revolución digital. Sí, pero qué pena. Mecachís. Se quedaron en agua de borrajas". A lo que otro de su época le dirá "¿Qué son borrajas?" "Y yo que sé, es una expresión del pasado. El caso es que no supieron aprovechar lo que tenían y acabó siendo un caos total. Qué pena, cuánto tiempo perdido. Cuánto esfuerzo desaprovechado". "Menos mal que ahora la cosa es mucho mejor, todo ha cambiado y somos más listos, más cultos, más atentos".

...

"¿Verdad?"

Biktor Kero

Biktor Kero lleva vinculado al mundo cinematográfico desde los 20 años, cuando comenzó a estudiar en la escuela de cine Séptima Ars, en Madrid. Allí dirigió su primer cortometraje en 16mm Y sin embargo (2002).

En Londres vivió durante otros 3 años, donde tuvo la oportunidad de estudiar en la London Film Academy y participó en diferentes proyectos de cortometrajes y videoclips como director, ayudante de dirección y montador. Además, dirigió su segundo cortometraje A beat of Reality (2005).

Volvió a su tierra natal, Málaga, en 2006 para continuar realizando cortometrajes como El reencuentro de Alicia (2008) y Un pequeño detalle (2011) y videoclips para agrupaciones como Santos de Goma, Gastmans o The Wheel & The Hammond. Durante los sucesivos años ha trabajado en diferentes productoras audiovisuales como Euromedia Productions, Cedecom e Infodel Media y ha creado su propio estudio de post-producción: Emotioner.net

Actualmente trabaja en como jefe del departamento audiovisual de la marca Ozone Gaming y se encuentra en proceso de promoción de su nuevo cortometraje Paraiso Beach (2014), un cortometraje pos-apocalíptico sobre dos exploradores en un futuro sin esperanza (en distribución actualmente a través de Jóvenes Realizadores) y por el que recientemente ha ganado el premio a Mejor Director en la sección Cortometraje Málaga del 17 Festival de Málaga. Cine Español.

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