opinión

28.06.2013

El columpio: la eternidad en ocho minutos

por Lakshmi I. Aguirre


Hay pocos aficionados y profesionales del cine que no mencionen El columpio de Álvaro Fernández Armero al preguntarles por cuáles son sus cortometrajes favoritos. Y es que esta pequeña historia protagonizada por unos jovencísimos Ariadna Gil (algún día le llegará el reconocimiento que se merece a esta actriz - sólo hay que verla alejarse al final de Sólo quiero caminar de Agustín Díaz Yanes-) y Coque Malla, que repetiría con Fernández Armero, años después, en Nada en la nevera.

Estrenado en 1992, El columpio se hizo con el Goya al Mejor Cortometraje de Ficción. El corto narra el encuentro nocturno de dos jóvenes en el metro de Madrid y su espera, sin mediar palabra, al tren que los llevará a casa después de una noche de fiesta. No hablan entre ellos, al menos en alto. Sí lo hacen para ellos mismos, y ahí es donde radica el máximo valor de esta pequeña historia de amor.

La voz en off, un recurso arriesgado pero que en este caso ha sido utilizado a la perfección, es la que dirige el cortometraje, introduciéndonos en un juego de terrenos privados en espacios públicos. La consecución de planos cortos produce un efecto sorpresa al transformarse en planos generales que nos muestran la posición de cada uno de los protagonistas en las vías del tren. El resultado, consecuencia también del estupendo guión de Fernández Armero, divierte: nos ha convertido en voyeurs de madrugada.

Y se oye a lo lejos el chirriar del tren en los túneles y aún ninguno de los dos ha dado el primer paso. Un cuento de amor efímero por sólo tener lugar en la mirada que cruza el cristal del tren que los ha hecho encontrarse y desencontrarse en cuestión de 8 minutos. La eternidad en 8 minutos. Un columpio en línea recta. Ariadna Gil y Coque Malla, pulcrísimos en su interpretación, en las horas silenciosas de los andenes nocturnos.

Lakshmi I. Aguirre

Lakshmi Iglesias Aguirre (Eibar, 1984), es redactora jefe de la revista digital de cultura Tertulia Andaluza (tertuliaandaluza.com), además de formar parte de varios gabinetes de prensa.

'El hombre tranquilo', 'En un lugar solitario', 'El Apartamento', 'Los Profesionales', 'El Bazar de las Sorpresas'... la obligaron a amar el cine. Cortázar la empujó a escribir, lo que le ha llevado a ganar varios premios de relatos.

En 2009 editó el libro 'La mujer en la sombra: lo femenino en el cine fantástico y de terror' para la Semana Internacional de Cine Fantástico y de Terror de Estepona, y escribió uno de los capítulos sobre 'La Mujer Pantera', de Jacques Tourneur.

Su antiguo pastor inglés, Atticus Finch -en homenaje al maravilloso personaje de Gregory Peck en 'Matar un ruiseñor'- la acompaña a todas partes y comparte con ella su pasión por el cine, es decir, la vida.

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