opinión

18.12.2012

La Norteamérica profunda según David Lynch

por José Manuel Gómez




La pequeña ciudad de Twin Peaks, rodeada de bosques y montañas, ha sido siempre un lugar aparentemente idílico, tranquilo, donde hay pocas sorpresas cotidianas y donde todo el mundo se conoce. Algo va a cambiar: Laura Palmer, una joven muy famosa y querida y aparentemente normal, aparece misteriosa y brutalmente asesinada y toda la vida en el lugar queda irremediablemente conmocionada. El FBI comienza a investigar el caso junto a la policía local y los secretos oscuros de los vecinos empiezan a salir a la luz. Una terrible y siniestra trama se abre en torno a Laura Palmer, que no resulta ser la adolescente idealizada y bondadosa que todos pensaban que era... Las cosas en Twin Peaks no volverán a ser lo que eran.

A menudo acusado de delirantemente críptico y surrealista, David Lynch ha demostrado sin embargo ser un director sobradamente todoterreno. Amante de las metáforas plásticas y de un carácter visual exuberante, en el que se mezcla lo onírico, lo feo y lo hermoso, y de la creación de personajes estrambóticos y a menudo freaks, la lucha del bien contra el mal es un asunto que preocupa al director. Uno de sus escenarios preferidos es la Norteamérica profunda; los pequeños pueblos y ciudades rurales de los Estados Unidos que presentan un paisaje idílico en su apariencia pero que esconden submundos misteriosos, perversos y diabólicos que muestran la cara oscura del Sueño Americano.

La estructura de muchos de sus filmes bebe del cuento clásico, del que revisa a menudo mitos. Sus obras se dividen, pienso, en tres líneas: las directamente surrealistas y metafóricas (Cabeza borradora, Carretera Perdida, Mulholland Drive e Inland Empire); las cintas que siguen un estilo clásico pero que beben de las primeras en algunos de sus pasajes -y que suelen ser de corte negro- (Terciopelo Azul, Corazón Salvaje, su serie Twin Peaks y su película Twin Peaks: Fuego camina conmigo); y las cintas que se pueden calificar como plenamente clásicas en su concepción completa (El Hombre Elefante o Una historia verdadera). También se ha atrevido con la ciencia ficción en la, por desgracia, muy fallida Dune.

El guionista, director y productor Mark Frost, ecléctico y sobre todo trabajador para la pequeña pantalla, es el responsable de la creación o de los guiones de series como Twin Peaks, On the air y Canción triste de Hill Street, el director de la película Storyville, el escritor de guiones como los de Los Cuatro Fantásticos de 2005 y del filme de Bill Paxton Juego de honor y de numerosas novelas en su faceta de autor de narración, en la que también ha destacado.



Twin Peaks es una serie mítica que el director creó junto a Mark Frost a principios de los años noventa, que marcó a toda una generación y que, a pesar de haber ciertamente muerto de éxito -como les ocurrió a otras igualmente míticas y alargadas innecesariamente como Expediente X o Perdidos-, ha quedado como una de las grandes obras maestras de la historia de la televisión. En su día, su curiosa mezcla sin fisuras de thriller, drama e historia sobrenatural cargada de metáforas visuales supuso toda una revolución en la pequeña pantalla y sus estrambóticos y tiernos personajes cautivaron a las audiencias de todo el mundo.

El asesinato de la ultraconocida Laura Palmer sirvió a Lynch y a Frost para desplegar el retrato completo, irónico, sardónico y socialmente muy agudo de una pequeña ciudad cualquiera de la Norteamérica profunda (Twin Peaks) en la que latían oscuros y terribles secretos (uno de los temas predilectos de Lynch que se pueden encontrar en películas como Terciopelo Azul, Corazón salvaje, Carretera perdida, Mulholland Drive o Inland Empire: la cotidianeidad nunca es "normal" y esconde siempre su parte irreal y malévola).

La misteriosa y brutal muerte de la adolescente, muy popular en el lugar, era la locomotora de una trama en la que se mezclaba la violencia descarnada, el humor negro, el humor completamente freak, un toque de acción, un retrato generacional de finales de los ochenta y principios de los noventa, el surrealismo más puro y delirante y unos gags casi de comedia de situación. Y descubríamos que Palmer no era en absoluto la idílica y tierna jovencita que muchos pensaban que era: en la trama aparecen asuntos como la prostitución, las drogas, la corrupción, la mafia, los trapicheos políticos y empresariales, el maltrato doméstico, la marginación del diferente, los odios familiares, las rencillas generacionales irreconciliables y el otro gran asunto predilecto de Lynch: el de la lucha del bien contra el mal. Twin Peaks es un retrato muy agudo y con crítica social de los USA profundos y de su vida de hipocresía, de apariencias y de falso y fracasado "Sueño Americano".



El otro punto fuerte que tenía la serie eran sus inolvidables personajes, que además están interpretados de maravilla y con carisma: Laura Palmer (Sheryl Lee, que también interpretaba a su prima), el legendario agente Dale Cooper (el por desgracia muy olvidado Kyle McLachlan), las inolvidables Donna Hayward y Audrey Horne (las también por desgracia muy olvidadas Lara Flynn Boyle y Sherilyn Fenn), el perturbador Leland Palmer (excelente Ray Wise), el sheriff Truman (Michael Ontkean), la pérfida Catherine Packard (la estrella invitada Piper Laurie) o el aterrador Bob (Frank Silva) -y son solo unos ejemplos, porque la galería es bien amplia y está llena de fantásticos y originales secundarios como El enano bailarín, La Mujer del Leño, El Gigante, un detective travesti o un agente del FBI completamente sordo interpretado por el propio David Lynch-.

La ambientación era también plenamente "lynchiana": enrarecida, marcada por los sugerentes rincones en penumbra, con un poderoso aire de cabaret decadente, turbio pero con espacios naturales muy bellos (los paisajes de Twin Peaks están excelentemente fotografiados y han quedado para los anales) y con escenarios inolvidables como la mítica "Habitación Roja" (mil veces imitada y parodiada).

Hay que decir que Twin Peaks, a pesar de sus innegables virtudes que revolucionaron la televisión en su momento, tiene tristemente una última parte verdaderamente desastrosa y un desenlace precipitado y para mí muy malo y cortado de un tajo. La serie, un éxito total que devino en una absoluta "twinpeaksmanía", fue por desgracia alargada innecesariamente para exprimir la gallina de los huevos de oro y, al igual que otras míticas como las mencionadas Expediente X o Perdidos (ambas, como ésta, marcaron a generaciones), cayó finalmente por su propio éxito.

La primera temporada de la obra, de ocho capítulos, es absolutamente impecable, mientras que la segunda, de 22 episodios (se nota el desequilibrio creado por el alargamiento artificial), empieza de manera igualmente perfecta hasta que en su séptimo capítulo, y por exigencias de la ABC, Lynch y Frost son obligados a mostrar al asesino de Laura Palmer (en un capítulo mítico, todo hay que decirlo). Posteriormente, los siguientes dos episodios resuelven la trama de este asesinato y, a partir de aquí hasta el final de la serie, la historia se alarga trece capítulos más en los que la introducción de Windom Earle, un excelente nuevo villano (maravilloso Kenneth Welsh) no consigue levantar el vuelo y Twin Peaks se sume en una triste decadencia.



El personaje de Earle es un personaje excelente: un villano redondo, con carisma, que da mal rollo y con diálogos inteligentes pero que, por desgracia, viene desfasado en un mal momento para la serie, momento en el que Lynch y Frost se desentienden de ella bastante para dedicarse a otros proyectos y todo cae en manos de directores invitados y los productores de la obra. Estos se dedicaron a introducir nuevos enigmas sin fuerza y tríos amorosos para casi todos los personajes principales, un recurso tosco propio de telenovelas baratas que lastra muchísimo y sin remedio posible al conjunto.

Es una pena, pero personajes geniales como los interpretados por los jovencísimos Heather Graham, David Duchovny o Billy Zane (un casting excelente en su día) o el mencionado Kenneth Welsh, todos introducidos para insuflar aire fresco tras el capítulo que revela la identidad del asesino de Palmer, no ayudan a levantar el vuelo a una serie que se termina perdiendo en historietas amorosas que no llevan a ninguna parte y que se terminan tornando soporíferas y repetitivas. Para colmo, se quitan de encima con una excusa pobre al personaje de James Hurley (James Marshall), un personaje básico de la historia que es despachado de buenas a primeras y que se queda sin cerrar (cómo odio cuando hacen esto en las series, cuando no trabajan en condiciones la salida de caracteres protagonistas).

Todo esto, por supuesto, repercutió en la audiencia, que cayó como no se pensaba que iba a caer y que obligó al cierre precipitado de la serie, que termina en un brusco capítulo que ya sí dirigió de nuevo David Lynch (convencido para que retornase) y que, a pesar de tener momentos míticos, dejaba numerosas incógnitas abiertas y también bastantes arcos argumentales de personajes a la mitad. Fue una pena, pero la historia se ha repetido muchas veces con productos que "mueren de éxito". De todas formas, Twin Peaks como conjunto es una maravilla, un clásico que todos deberían disfrutar cuya primera temporada es una obra maestra y cuya segunda, hasta el mencionado capítulo siete, es igualmente una creación magna. Si no la han visto, véanla.

José Manuel Gómez

Málaga. 1983. Ha trabajado como periodista en Canal Sur y La Opinión de Málaga y como cooperante en la República Dominicana en el verano de 2007. Ha estudiado inglés en Irlanda y Sudáfrica y francés en Canadá. Ama el cine, la literatura y el cómic y vive para vivir.

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