opinión

20.06.2012

El gánster trascendental: The Funeral de Abel Ferrara

por Lakshmi I. Aguirre



Con una banda sonora que hace que uno se revuelva en el sofá al ritmo de Coleman Hawkins, Duke Ellington, Benny Goodman y el magnífico Primo amore de Carlo Buti, The Funeral es, junto con Bad lieutenant (Teniente corrupto, 1992) una de las películas más redondas de ese personalísimo director que es Abel Ferrara.

Este neoyorquino obsesionado con la terna de la culpa, el pecado y la redención, lleva a una familia de gánsteres hasta los infiernos en The Funeral, un film que transcurre durante el velatorio de tres días del menor de los hermanos Temple, Johnny (Vincent Gallo), asesinado a la salida de un cine.

Johnny, Chez (el desaparecido Chris Penn, que se llevó la Copa Volpi en el Festival de Venecia de 1996 por este papel), el cabeza de familia Ray (un espléndido Christopher Walken), sus respectivas mujeres (Gretchen Mol, Isabella Rossellini y Annabella Sciorra) y el arrogante Gaspare (Benicio del Toro) -un mafioso en plena toma de poder que parece ser el principal sospechoso del crimen-, protagonizan este tapiz tejido con el hilo de una violencia latente que asoma a cada plano y que se vuelve desgarradora al final del metraje. Y es que la violencia es en The Funeral, la única arma con la que cuentan los personajes, la única que conocen, para alcanzar su liberación.

Es difícil catalogar esta película, que conteniendo los ingredientes necesarios para ser una película de gánsteres, se acerca al drama a través del existencialismo. Dios, y la muerte, asoman en cada diálogo escrito por Nicholas St. John, colaborador habitual de Ferrara, que culmina en un magnífico discurso de Christopher Walken ante el asesino de su hermano, en el que él mismo se alza como un Dios con capacidad de juzgar y dar castigo, acercándose con total consciencia un paso más hacia el infierno.



Las mujeres de este moderno film de gánsteres no son mujeres fatales, sino esposas que rezan a santas y vírgenes antes de acostarse en una cama desde la que saben que solo serán testigo de un destino inevitable; mujeres que brindan con un buen trago de whisky por la pérdida, por haber esquivado la fatalidad y para tener agallas de enfrentarse a ella, como dignas María Magdalena de un cristo corrupto por su propio padre.

Chris Penn, el más débil de los Temple, perturba con su sola presencia, aún cuando interpreta a viva voz y de manera admirable el tema Tonight will be the night, compuesto por Joe Delia y el mismo Ferrara, en el bar de la familia. Un caballo desbocado que suelta las riendas de su propia cordura para redimirse en una catarsis final.

Una película donde un inspirado elenco de actores sostiene con buen pulso la bruma en la que se mecen los personajes atormentados de este funeral que evoca a El Padrino II en su primer flashback y que contempla las estructuras narrativas clásicas del cine de gánsteres, con la singularidad de adentrarse en los vericuetos de la trascendencia humana y religiosa.

La crónica de un velatorio se torna así en un trágico libro de familia que desde la primera página -aquella marcada por la bala primigenia, la manzana de Eva mordida por Ray de la mano de su padre- ya toma un cariz testamentario. Un vaticinio que agrava la atmósfera opresiva de esta película dirigida por un filósofo iluminado -solo en ocasiones- por la cara más salvaje del ser humano.

Lakshmi I. Aguirre

Lakshmi Iglesias Aguirre (Eibar, 1984), es redactora jefe de la revista digital de cultura Tertulia Andaluza (tertuliaandaluza.com), además de formar parte de varios gabinetes de prensa.

'El hombre tranquilo', 'En un lugar solitario', 'El Apartamento', 'Los Profesionales', 'El Bazar de las Sorpresas'... la obligaron a amar el cine. Cortázar la empujó a escribir, lo que le ha llevado a ganar varios premios de relatos.

En 2009 editó el libro 'La mujer en la sombra: lo femenino en el cine fantástico y de terror' para la Semana Internacional de Cine Fantástico y de Terror de Estepona, y escribió uno de los capítulos sobre 'La Mujer Pantera', de Jacques Tourneur.

Su antiguo pastor inglés, Atticus Finch -en homenaje al maravilloso personaje de Gregory Peck en 'Matar un ruiseñor'- la acompaña a todas partes y comparte con ella su pasión por el cine, es decir, la vida.

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