opinión

01.08.2011

El regreso a Perpignan

por Jota Linares

Hace poco que le descubría a mi pareja la película “¿Qué he hecho yo para merecer esto?” de Pedro Almodóvar, probablemente la primera gran película que rodó (las anteriores no dejan de ser experimentos fílmicos rodados en el momento perfecto en el que tenían que ser filmados y estrenados). Descubrí asombrado que la película conservaba intacta su originalidad, se arrolladora personalidad y su capacidad para convertir una vida cotidiana, triste y gris en material cinematográfico de primera. Pero lo que más me chocó fue que, vista hoy en día, “¿Qué he hecho yo para merecer esto?” es una película que, a pesar de estar fechada en 1984, sería imposible de rodar y estrenar en el año 2011. ¿Por qué? Por su provocadora mirada que es capaz de denunciar temas tan espinosos como el maltrato y la pederastia en clave de humor negro.

Recordemos que la protagonista, Gloria (Carmen Maura en la que sigue siendo su mejor interpretación), es un ama de casa obligada a vivir en un diminuto piso con su marido taxista que la ignora y menosprecia, una suegra que tiene un lagarto como mascota, un hijo drogadicto y otro que se acuesta con el padre de su mejor amigo. Gloria, agobiada por las deudas y la falta de dinero, acepta la proposición de un dentista pederasta para comprar a su hijo. En el clímax final, y superada por la actitud de su marido, Gloria acabará asesinándole en defensa propia golpeándolo con una pata de jamón. Almodóvar utilizó su reconocible humor cínico y negro para denunciar el estado en que se encontraban, y se encuentran, cientos de miles de mujeres en España e intentar refleja así las miserias de una sociedad que es capaz de vender a sus hijos para así conseguir unas tenacillas para el pelo, símbolo de una sociedad del bienestar a la que muchos quieren pertenecer casi por obligación pero que no hace otra cosa que demostrarle día a día las miserias de su vida a la clase baja que se hunde en un quiero y no puedo.

Fotograma de
Fotograma de "¿Qué he hecho yo para merecer esto?"


Es decir, “¿Qué he hecho yo para merecer esto?” posee una crítica social abrumadora, similar a la de cualquier película de Ken Loach, pero que hoy en día no sería aceptada por su incorrección política y su absoluta libertad a la hora de mostrar en imágenes lo que el director quiere sin concesiones y sin ataduras. Esas mismas ataduras que en los ochenta y los noventa convirtieron el cine español en una cinematografía libre pero que ahora han vuelto para hundir la creación audiovisual en una falsa moral, la misma de la que no hace mucho hacía que nos burláramos de la mojigatería de algunos de los productos que nos llegaban del otro lado del charco.
Todo esto viene al caso porque hace unos días pude ver la primera película de Agustí Villaronga, flamante triunfador en los últimos premios Goya con “Pan negro” y reciente premio de Cinematografía 2011, “Tras el cristal” rodada en 1987. Y la primera impresión que me dio fue la misma que con “¿Qué hecho yo para merecer esto?”, hoy en día sería completamente imposible de rodarse una historia como la de “Tras el cristal” sin que la censura y parte de la sociedad se le echara encima al director. ¿Y qué cuenta la primera película de Villaronga? Pues es un aterrador ensayo sobre el mal que gira entorno a la enfermiza relación que se establece entre un sádico joven y un criminal de guerra nazi que vive oculto en España bajo una falsa identidad. La película es una profunda reflexión sobre cómo las peores atrocidades contra el hombre las comete el mismo hombre, sin límites y por personas que después de asesinar y violar a niños son capaces de irse a casa y vivir una vida normal con su mujer y su hija. “Tras el cristal” hace gala de escenas que a uno no se le olvidan fácilmente, sobre todo aquellas que involucran el sadismo nazi y los niños.

Fotograma de
Fotograma de "Tras el cristal"


La pregunta que uno se hace después de llegar a la conclusión de que Almodóvar o Villaronga no podrían rodar sus primeras películas en 2011 es ¿qué está pasando en España? ¿Realmente estamos sufriendo un retroceso tan brutal que va a hacer que dentro de poco tengamos que volver a Perpignan para ver películas que aquí no se estrenarán por su “baja moralidad”? Y es que uno no puede dejar de sorprenderse cuando lee noticias como la que publicó hace un par de semanas el portal “Vertele.com” en la que se anunciaba que TVE-1 suspendía momentáneamente la grabación de la serie “Plaza de España” por tratar el tema de la Guerra Civil desde un prisma de humor paródico. El ente público argumentaba que no quería ofender a nadie. Una vez vista “Plaza de España”, que arrasó en audiencia en su estreno, uno no entiende los argumentos de TVE-1 ya que el humor del que hace gala la serie (divertidísimo, por cierto) no puede ofender a nadie. Y si lo hace, el problema no es de la ficción sino de la persona a la que ofende que debería pensar seriamente que tiene un problema.

Lo grave del asunto es que no estamos ante casos aislados. Hace unos meses nos convertimos en el hazmerreír del resto de Europa cuando la fiscalía de Barcelona denunció a Ángel Sala, probablemente uno de los mejores profesionales del mundo del cine que tenemos en España, por proyectar “A serbian film” en el pasado Festival de Sitges. Por si alguien ha estado fuera del planeta Tierra en los últimos meses, recordemos que dicha película mostraba la violación de un recién nacido dentro de una trama sobre la degeneración moral a la que se ve sometida una vieja estrella del porno que acepta participar en un proyecto desconocido a cambio de una gran cantidad de dinero. Obviamente hay que ser muy obtuso, por no utilizar otra palabra, para creer que la violación era real pero eso poco importó a la fiscalía de Barcelona que ha insistido en que el señor Sala permitió la exhibición de pornografía infantil (¡!) Todo esto ha llevado a situaciones tan surrealistas como la demostración de Ángel Sala de que se usó un muñeco para el rodaje de la escena, algo que es tan de lógica aplastante que hasta empieza a dar un poco de miedo que se tenga que demostrar siquiera. Sobra decir que “A serbian film” se ha estrenado sin problemas en casi todo el mundo y que el caso de España fue tan absurdo y ridículo que figuró como noticia en casi todas las publicaciones cinematográficas del mundo que recibían, entre la indignación y el pitorreo al que la propia noticia invitaba, los tronchantes argumentos de la fiscalía de Barcelona contra el señor Sala. Esto deja de ser divertido cuando leemos en la denuncia que el periodista y director del Festival de Sitges se enfrenta a penas de cárcel ? es decir, un profesional como la copa de un pino podría acabar en prisión por programar en un festival una película de, recordemos y pongámoslo en mayúscula porque es importante, FICCIÓN donde todo lo que pasa es SIMULADO.

Y si nos remontamos un par de años atrás, al 2009, encontramos otro hecho por lo que España se convirtió en motivo de burla entre los cinéfilos de todo el mundo. “Saw VI” se prohibía en nuestro país tras ser calificada con una X por el Ministerio de Cultura, hecho que condenaba a la película a su exhibición en salas pornográficas que, recordemos, no están preparadas actualmente para una proyección en 35 mm. La sexta entrega de la popular saga de terror tuvo que esperar un año para poder estrenarse en territorio español y lo hizo con cinco minutos de cortes. Y si saltamos al presente, esta misma semana el Festival de Teatro de Mérida ha retirado una fotografía de su exposición “Camerinos” de Sergio Parra por las quejas de determinados sectores cristianos que se mostraron ofendidos. La imagen de la polémica muestra a un desnudo Asier Etxeandía, estupendísimo actor por cierto, siendo maquillado en una pose que recuerda muchísimo a Jesucristo. A mí esto último sí que me cabrea muchísimo, que una fotografía espectacular tenga que ser retirada de una exposición por las quejas de un colectivo del que tenemos que aguantar que sus líderes espirituales no condenen sus reiterados y continuos abusos sexuales a niños y que incluso digan que “tampoco es algo tan grave”.

Asier Etxeandía en la imagen de la polémica
Asier Etxeandía en la imagen de la polémica


Los casos que cito arriba son sólo pequeñas muestras de lo que está pasando en el ambiente cultural español desde 2006. Recuerdo perfectamente que ese año dirigí mi primer cortometraje y jamás me planteé que el montaje final fuera sometido a censura o restricciones varios por parte de los festivales de cine. Y así fue, el corto gozó de libertad absoluta, ofendió a algunas personas pero nunca fue prohibido e incluso ganó algunos premios importantes. Tan sólo cinco años después, en 2011, veo constantemente como colegas no pueden sacar adelante sus proyectos porque tratan determinados temas, me doy cuenta de que muchísimos festivales de cine excluyen de su programación cortos o películas que puedan traerles problemas, hecho este último que está provocando que los certámenes de cine de este país se llenen alarmantemente de comedias intrascendentes o cintas sociales bienintencionadas. Ya no sólo eso, sino que determinados festivales ya te piden directamente que el trabajo que envíes sea autorizado para todos los públicos de cara a las proyecciones. ¿Por qué este retroceso? ¿Qué está pasando en este país?
El cine ha demostrado desde siempre que tiene una capacidad enorme para cambiar las cosas, para crear ideas, para mover el mundo. Chaplin no quiso callarse en su día y con “El gran dictador” creó lo que sigue siendo una de las más bellas y efectivas críticas contra los dictadores y la gente que quiere imponer a los demás lo que tiene que ver o lo que debe pensar. Y el mensaje que dio Chaplin está hoy más vigente que nunca. El cine es ficción, una mentira maravillosa donde nos creemos que es verdad algo que tan sólo es fingido. Prohibirlo y censurarlo no es sólo una aberración sino que es el primer paso hacia una sociedad donde unos pocos obligan a los demás a ver lo que ellos piensan que es necesario ver (por mucho que luego escondan la pobredumbre más absoluta debajo de sus limpias fachadas) y que es sólo un paso hacia unas grietas en la cultura que empiezan siendo pequeñas pero poco a poco van creciendo hasta palabras que creíamos ya desterradas como “censura”, “prohibición” o “baja moral”.

¿Cuál es la solución? No lo sé pero creo que estamos en el momento oportuno para darnos cuenta de que las cosas están cambiando y no precisamente para mejor. Somos una generación, los nacidos a finales de los setenta y los ochenta, que nos hemos encontrado con todo hecho, a los que nos han ofrecido todas las libertades del mundo sin que hayamos tenido que mover un solo dedo para ello. Pero ahora nos toca pelear por hacer lo que queremos, por contar nuestras historias como creemos que debemos hacerlo y para darnos cuenta de que tenemos en nuestras manos el arma más maravillosa, el cine, para provocar sensaciones y despertar conciencias que pueden hacer tambalear todas las censuras del mundo.

Jota Linares

Jota Linares nace en Cádiz en 1982 y se traslada a Málaga en 2000 para estudiar Periodismo y Comunicación Audiovisual. Muy pronto empieza a interesarse por el mundo de la ficción, tanto a través de la escritura de diversos guiones como observando el mundo desde detrás de una cámara. Ha escrito y dirigido los cortometrajes '¿A quién te llevarías a una isla desierta?', 'Vivir rodando', 'Un cuento de hadas', 'Varices', 'Placer' y '3,2 (lo que hacen las novias)'. Ha ganado, entre otros, el premio andalesgai 2006 al mejor cortometraje andaluz, el premio del público en el 11 Festival de Cine español de Málaga, el premio RTVA al mejor director joven andaluz, el premio del público en el Fancine (cine de terror y fantástico) 2008, o el premio al mejor proyecto en el Certamen Andaluz de Cortometrajes 2009.
Con '3,2 (lo que hacen las novias)' lleva cosechadas 22 secciones oficiales y 4 premios.

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