opinión

06.10.2016

Mañana

por Andrés Robles

Los que me conocen un poco podrán imaginar que mi relación con Mañana no es convencional. Aun sin haber tenido nada que ver en su gestación, sí he tenido la suerte de seguirla casi desde dentro. Su idea germinal, la lectura de su primer guión que me angustió tanto, los avatares de su producción y la alegría de alguien a quien siento como un hermano al ver superadas sus expectativas en un rodaje que, me cuentan, tuvo un clima tan especial. Es por ello que ver la obra acabada supone para mí mucho más que ver sólo un cortometraje. Es ver el resultado del esfuerzo y la ilusión de gente a la que conozco, admiro y quiero.

¿Es posible ser objetivo así? A duras penas, y sin embargo habrá que intentarlo. Seré pues todo lo objetivo que se puede ser al dar una opinión personal.


Mañana es una conmovedora historia de amor condensada en 18 minutos. Poco más de un cuarto de hora en el que uno pasa por casi todos los estados posibles. De la risa al nudo en el estómago, de la felicidad a la desolación. Manuel Aguilar en el guión y la dirección y Ramón Agirre y Klara Badiola, dando carne a sus protagonistas, consiguen transmitir con un par de secuencias toda una vida en pareja, toda su complejidad y complicidad, y a partir de ahí el espectador queda atrapado. No hay vuelta atrás. El viaje ha comenzado y ya no puede más que dejarse llevar por un relato entrañable y demoledor. Por la filigrana interpretativa de una actriz que se entrega física y psicológicamente con una generosidad infinita. Por la tragedia de no haber dicho algo a tiempo.

¿Soy objetivo al valorar Mañana? Posiblemente no. ¿Sentirán ustedes lo mismo que yo al verla? Definitivamente sí.

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Andrés Robles

Paisano de Lola Flores y Bertín Osborne - ahí es nada -, Andrés Robles nació el año en que Superman alzaba el vuelo en la gran pantalla. Asegura que uno de sus primeros recuerdos de infancia es la visión de una serpiente atravesando el tacón de Marion en el Pozo de las Almas y nunca ha entendido del todo qué le ve la gente a esa galaxia "muy, muy lejana".

Licenciado en Historia del Arte y especializado en Patrimonio y Gestión Cultural - tiene hasta un máster el muchacho -, dedica todas las horas que puede a esa pasión que comenzó en un cine de verano viendo a un arqueólogo con látigo y sombrero. Desde entonces no concibe una existencia sin salas oscuras y celuloide.

Como buen crítico de cine, nunca ha escrito ni dirigido nada, y se limita a destruir el trabajo que otros han realizado con toda su ilusión - a veces hace alguna reseña buena, pero son las menos -.

Habiendo conseguido fama, fortuna y gloria hablando de lo que no sabe en esta santa casa, sus próximos objetivos vitales son tener el pelazo de Carlos Pumares y la mala uva de Carlos Boyero.

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