pupila gustativa
Pupila gustativa: David de Loro
Aunque era muy pequeño, uno de los primeros recuerdos cinematográficos que tengo es El imperio del sol (1987). Hay películas que ves y olvidas, y otras que, aunque no entiendas del todo porque eres un niño, dejan imágenes dentro de ti. Con los años he entendido que quizá ahí empezó parte de mi fascinación por las historias capaces de emocionar sin necesidad de explicarlo todo.
2. Sonrisas y lágrimas: una comedia y un drama.
Como comedia elegiría Algo pasa con Mary (1998). Tiene ese humor irreverente y absurdo que consigue que siga funcionando incluso después de tantos años.
Como drama, El Padrino (1972). Para mí va muchísimo más allá de una película de mafiosos. Habla de familia, poder, lealtad, decisiones y de cómo las circunstancias pueden transformar a una persona. Es de esas películas que puedes volver a ver muchas veces y siempre encuentras algo nuevo.
3. Esa película te encanta, pero te da vergüenza reconocerlo.
Aquí seguramente tendría que pensármelo bastante. Tengo películas que sé perfectamente que no son obras maestras y, aun así, cuando aparecen en televisión termino viéndolas. Supongo que todos tenemos alguna película que nuestro criterio cinematográfico intenta rechazar mientras nosotros buscamos el mando para subir el volumen.
4. El mejor beso en una pantalla de cine.
Me quedo con Superman y Lois Lane.
Superman será de acero, pero sigue siendo un hombre. Lois es la mujer por la que es capaz de cuestionarse incluso sus poderes y su origen kryptoniano.
Y aquel beso entre Christopher Reeve y Margot Kidder tenía literalmente poderes: era capaz hasta de hacer olvidar. Puede que cinematográficamente haya besos más famosos, pero pocos pueden presumir de cambiar los recuerdos de alguien.
5. El lugar más tenebroso (físico o no) que hayas pisado en una película.
El sanatorio de Waverly Hills, en Kentucky, relacionado con el imaginario de Death Tunnel.
Fue un antiguo sanatorio para enfermos de tuberculosis y su propia historia real ya resulta más inquietante que muchas películas de terror. Es uno de esos lugares donde casi no necesitas ficción: los pasillos, las habitaciones y todo lo que ocurrió allí ya construyen una película por sí solos.
6. Esa frase de cine que te encanta decir en cuanto tienes la oportunidad.
Tengo dos.
«La vida es como una caja de bombones», de Forrest Gump.
Porque resume bastante bien la vida: nunca sabes exactamente qué te va a tocar.
Y, por supuesto: «I'll be back».
Porque Terminator consiguió convertir dos palabras en historia del cine.

7. La banda sonora que siempre se repite en tu cabeza.
Now We Are Free, de Gladiator.
No es solamente una banda sonora que me guste. Me identifico muchísimo con la historia de Gladiator y, en determinados momentos, también con Máximo: caer, perder cosas por el camino, enfrentarte a situaciones que no has elegido y aun así seguir adelante.
Hay algo en esa historia de lucha, resistencia, honor y búsqueda de un propósito que conecta mucho conmigo.
Y cuando escucho Now We Are Free no escucho simplemente la música de una película. De alguna manera escucho fragmentos de mi propia vida.
8. La primera película que grabaste en VHS con cinta adhesiva para poder hacerlo sobre el original.
No lo recuerdo con absoluta seguridad, pero creo que fue Hook (1991).
Y pensándolo ahora tiene bastante sentido. Es una película sobre crecer sin olvidar completamente al niño que fuimos. Cuando eres pequeño ves aventuras y piratas; cuando la vuelves a ver de adulto entiendes que hablaba de muchas más cosas.
9. ¿Qué personaje de cine te gustaría haber sido?
Jim Malone, interpretado por Sean Connery en Los intocables de Eliot Ness.
Me encanta ese personaje. Tiene experiencia, carácter, principios y esa dureza de quien conoce perfectamente el mundo en el que vive, pero aun así decide de qué lado quiere estar.
Y Sean Connery consigue algo muy difícil: cada vez que aparece, llena la pantalla.
10. Un corto imprescindible.
Cuerdas, escrito y dirigido por Pedro Solís García.
Porque demuestra algo que para mí es fundamental: para hacer algo enorme no necesitas una historia complicada.
Necesitas una historia que llegue.
Cuerdas habla de amistad, inocencia, empatía y humanidad con una sencillez brutal. Es precisamente el tipo de cine que demuestra que unos minutos pueden dejarte pensando durante muchísimo tiempo.
11. Un libro de cine que no falta en tu mesilla de noche.
No puedo decir que lo tenga permanentemente en mi mesilla, pero El silencio de los corderos, de Thomas Harris, me pareció increíble.
Me fascina especialmente la construcción psicológica de los personajes. Esa capacidad de generar tensión sin necesitar que esté ocurriendo constantemente algo delante de la cámara o sobre la página. Hannibal Lecter demuestra que algunas veces lo más aterrador no es lo que un personaje hace, sino saber de lo que sería capaz.
12. Visité esta ciudad por la película...
Nueva York.
No podría decir que viajé allí exclusivamente por una película concreta porque sería imposible elegir solamente una. Nueva York forma parte de tantas películas que cuando llegas tienes constantemente la sensación de haber estado allí antes.
Quizá American Gangster sea una de las que primero me vienen a la cabeza, pero podríamos nombrar decenas.
Pocas ciudades en el mundo tienen esa capacidad de ser localización y personaje al mismo tiempo.
13. Un actor desaparecido al que habría que recuperar.
Sean Connery.
Y en este caso, desgraciadamente, recuperar es imposible.
Pero precisamente por eso merece ser nombrado. Tenía algo que no se puede enseñar en una escuela de interpretación: presencia.
Podía permanecer prácticamente quieto y dominar una escena. Elegancia, dureza, ironía, carisma? Hay actores extraordinarios y después están aquellos cuya sola presencia hace que recuerdes una película. Connery pertenecía a estos últimos.
14. Un nuevo talento que no vas a perder de vista.
Robert Clinton.
Es uno de los protagonistas de mi cortometraje Habitación 7 y desde que trabajé con él siempre he dicho lo mismo: tiene un don para la interpretación.
Hay cosas que pueden aprenderse ?técnica, colocación, experiencia?, pero existen otras que simplemente están ahí.
Robert tiene esa capacidad de resultar verdadero delante de una cámara. Y para mí eso vale muchísimo.
Estoy convencido de que puede llegar muy lejos y será bonito poder decir algún día: «Yo ya lo decía cuando rodamos Habitación 7.»
Y por otro lado David de Loro JR.
Y sé que puede parecer una respuesta condicionada porque es mi hijo, pero precisamente por haber trabajado con él delante de una cámara puedo separar perfectamente una cosa de la otra.
David ha demostrado tener un talento natural para la interpretación sin haber recibido formación ni tener apenas conocimientos técnicos. Hay cosas que se pueden enseñar: la técnica, la colocación, los tiempos, cómo enfrentarte a una cámara? pero hay algo mucho más difícil de aprender, que es transmitir.
Y él lo tiene.
Lo he visto enfrentarse a escenas emocionalmente complicadas y conseguir algo que para mí es fundamental en un actor: que deje de parecer que está interpretando.
Como padre, evidentemente, estoy orgulloso de él. Pero como director, tengo muchísima curiosidad por descubrir hasta dónde puede llegar si algún día decide formarse y desarrollar todo ese potencial.
Porque cuando alguien consigue transmitir sin que todavía le hayan enseñado cómo hacerlo, merece la pena no perderlo de vista.
15. Mucho ruido y pocas nueces: una idea para sacar adelante la industria cinematográfica española.
Creo que el cine español necesita dejar de preguntarse constantemente qué película puede funcionar y empezar a preguntarse qué historias merece la pena contar.
Tenemos muchísimo talento, pero también demasiadas puertas que siempre se abren para los mismos. Hay actores increíbles esperando una oportunidad, directores rodando cortometrajes con cuatro duros, guionistas con historias extraordinarias guardadas en un cajón y técnicos capaces de hacer auténticas barbaridades con recursos mínimos.
El problema no es la falta de talento. Es la falta de oportunidades.
Hay que arriesgar más.
Dar entrada a caras nuevas, historias diferentes y cineastas que todavía no tienen un apellido conocido detrás. Y los festivales también tienen una responsabilidad enorme: deberían ser escaparates donde descubrir voces nuevas, no lugares donde terminemos viendo siempre los mismos nombres.
El cine no puede convertirse únicamente en una industria que fabrica aquello que sabe que funcionó ayer.
Tiene que volver a arriesgarse.
Porque una película puede entretenerte durante dos horas y desaparecer de tu cabeza al salir de la sala.
Pero el cine de verdad hace otra cosa.
Te acompaña cuando sales de la sala.
Te hace pensar.
Te remueve.
Y algunas veces, incluso consigue cambiarte un poco la vida.
Biografía
David de Loro (1983) es fotógrafo, cineasta, escritor y empresario afincado en Torrevieja (Alicante). Su historia, sin embargo, no comienza entre cámaras, rodajes o reconocimientos, sino en el seno de una familia humilde y con una vida profesional construida desde abajo, a base de trabajo, inquietud y una necesidad constante de buscar su propio camino.
Su trayectoria difícilmente puede explicarse siguiendo una línea recta. Electricista de profesión, buzo profesional y patrón de la Marina Mercante, durante años recorrió caminos aparentemente muy alejados del mundo artístico hasta encontrar en la imagen una de sus principales formas de expresión.
Y tampoco ha sido un camino sencillo.
David ha caído muchas veces. Ha tenido que empezar de nuevo, reinventarse y continuar cuando las cosas no han salido como esperaba. Una experiencia que terminaría influyendo profundamente en su manera de entender la vida y también en las historias que posteriormente decidiría contar.
Su carrera como fotógrafo le ha llevado a conseguir más de un centenar de reconocimientos internacionales, dos Premios LUX y a ser nominado en varias ocasiones a los Goya de Fotografía. Su trabajo ha recibido reconocimiento dentro y fuera de España, desarrollando una fotografía principalmente documental, directa y alejada de lo artificial: observar antes que intervenir y encontrar historias en situaciones aparentemente cotidianas.
Pero llegó un momento en el que una fotografía ya no era suficiente.
Necesitaba que aquellas historias se movieran, hablaran y respiraran.
Y llegó el cine.
Como director, guionista y actor ha desarrollado diferentes proyectos cinematográficos, entre ellos Senda de Latidos, Habitación 7 y Ya no duele. Trabajos en los que aborda las relaciones humanas, el bullying, la culpa, las heridas emocionales, la familia y las consecuencias que pueden tener nuestras decisiones. Algunos de estos proyectos han sido seleccionados y reconocidos en diferentes festivales y certámenes cinematográficos.
Su manera de entender el audiovisual nace de una convicción: no hacen falta grandes medios para contar una gran historia; hace falta conseguir que alguien sienta algo al verla.
Esa misma necesidad de contar lo llevó también a la literatura.
Es autor de Todo lo sabía, una obra de marcado carácter social que entrelaza las historias de seis jóvenes y una profesora para adentrarse en realidades que muchas veces permanecen escondidas detrás de una apariencia normal.
Quizá por eso resulta difícil definir a David de Loro únicamente como fotógrafo, cineasta, escritor o empresario.
Su historia es también la de alguien que viene de una familia humilde, que comenzó trabajando con las manos, que ha cambiado de rumbo, que se ha equivocado, que ha perdido, que ha caído muchas veces y que otras tantas ha decidido levantarse.
Fotografía, cine y literatura son simplemente lenguajes diferentes para hacer aquello que lleva persiguiendo gran parte de su vida:
contar historias.
Historias de personas que caen, luchan, sienten y vuelven a levantarse.
Probablemente porque, antes de aprender a contarlas, tuvo que vivir la suya.
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